EXPERIENCIAS · CORDILLERA DE TALAMANCA · DOTA
Dota: tras la pista del quetzal
En los robledales de Talamanca vive una de las aves más bellas del mundo. Para verla hace falta madrugar, esperar en silencio y saber qué árbol mirar.
San Gerardo de Dota
Son las cinco y media de la mañana en San Gerardo de Dota. El termómetro marca menos de diez grados, la neblina sube del río Savegre y un grupo de personas mira en silencio la copa de un aguacatillo. De pronto, un destello verde cruza el claro: un quetzal macho, con el pecho rojo y dos plumas largas que ondean detrás de él como una cinta. Dura unos segundos, pero quien lo ha visto no lo olvida.
Los mayas y los aztecas lo consideraban sagrado y lo asociaban con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Hoy el quetzal resplandeciente sigue siendo una de las aves más buscadas del continente, y el valle de Dota es uno de los mejores lugares del mundo para observarlo.
¿UN QUETZAL SOLO NUESTRO?
Los científicos reconocen dos subespecies de quetzal resplandeciente. La del norte vive desde México hasta Nicaragua. La del sur, Pharomachrus mocinno costaricensis, vive solo en las montañas de Costa Rica y el oeste de Panamá.
Las diferencias no son solo de nombre. Un estudio científico que comparó ambas poblaciones encontró diferencias fuertes de tamaño, peso y largo de las plumas, además de 32 marcas genéticas distintas entre ambas poblaciones. Los investigadores calculan que las dos poblaciones llevan al menos tres millones de años separadas y proponen que se consideren especies diferentes. Si eso ocurre, el quetzal de Dota sería una especie que solo existe en Costa Rica y Panamá.
EL ÁRBOL QUE LO EXPLICA TODO
Para encontrar un quetzal, hay que buscar el aguacatillo, un pariente silvestre del aguacate. Su fruto es la base de la dieta del quetzal. El ave lo traga entero, digiere la pulpa y luego regurgita la semilla lejos del árbol. Así, el quetzal también siembra el bosque del que depende.
Cuando el aguacatillo está en fruta, los quetzales vuelven una y otra vez al mismo árbol, sobre todo temprano en la mañana. Después de comer se quedan quietos en una rama mientras digieren, y ese es el mejor momento para verlos y fotografiarlos.
En temporada de reproducción, las plumas del macho pueden medir unos 65 centímetros, más que el largo de todo su cuerpo. La pareja anida en huecos de troncos viejos, y macho y hembra se turnan para empollar y alimentar a los pichones. Muchas veces se ve al macho entrando al nido con las plumas dobladas hacia afuera.
UN BOSQUE EN LAS NUBES
El Parque Nacional Los Quetzales se creó en 2006 y protege unas 5.000 hectáreas, entre los 1.260 y los 3.190 metros de altitud. En tan poco espacio hay catorce ecosistemas distintos: robledales centenarios cubiertos de musgo y bromelias, bosque nuboso y páramo, en las alturas del Cerro de la Muerte. Allí viven unas 300 especies de aves y más de 45 de mamíferos.
El quetzal no es la única joya. En estas montañas viven aves que solo existen en las tierras altas de Costa Rica y el oeste de Panamá, como el colibrí garganta de fuego, el colibrí volcanero, el junco de los páramos, el capulinero colilargo y la candelita collareja. Para quien observa aves, Dota es un destino obligatorio.
DOTA CON LOS CINCO SENTIDOS
Mirá cómo el verde del quetzal cambia de tono según le da la luz: a veces esmeralda, a veces dorado, a veces azul. Mirá el rojo intenso de su pecho y sus plumas largas moviéndose cuando vuela.
Escuchá su canto, un silbido suave y repetido que los guías reconocen mucho antes de verlo. Escuchá el río Savegre corriendo entre las piedras y el silencio del grupo mientras espera.
Olé el musgo mojado, la tierra fría del robledal, el humo de leña de las cocinas del valle y el café recién chorreado de la madrugada.
Saboreá una trucha fresca del Savegre, un café de altura de la zona de Los Santos y las moras y manzanas que se cultivan en el valle.
Tocá la corteza de un roble centenario cubierto de musgo, el agua helada del río y el frío de la madrugada en las manos. Cuando por fin aparece el quetzal, ya no se siente.
GUÍA PARA TU AVISTAMIENTO
Contratá un guía local. Los guías de Dota saben qué aguacatillos están en fruta y dónde hay nidos activos, y llevan telescopio. Eso aumenta mucho la probabilidad de ver al quetzal.
Madrugá. La mayoría de los avistamientos ocurre antes de las ocho de la mañana. Quedate al menos dos noches para tener más de una oportunidad.
Vestite para el frío y para pasar desapercibido: ropa por capas, impermeable y colores neutros. Evitá el blanco y los colores fuertes.
Respetá el nido. Mantené la distancia, no uses reproducciones del canto para atraerlo y no uses flash. Un quetzal estresado puede abandonar a sus crías.
Llevá binoculares y una cámara con buen zoom, y sobre todo paciencia. A veces el quetzal aparece en minutos; otras veces hay que esperar más de una hora.
Completá la experiencia con una caminata por los robledales del río Savegre, una salida de observación de aves endémicas o una trucha recién pescada del valle.
Viví más. Viajá Extra.
Este viaje se vive con todos los sentidos: el frío de la madrugada, el olor del bosque mojado, el silencio de la espera y el verde que aparece de pronto entre las ramas. Diseñamos la ruta a tu medida y estamos a tu lado de principio a fin. Escribinos y empezá a planear tu encuentro con el quetzal.
Fuentes: Estudio morfométrico y molecular de subespecies de P. mocinno (Dialnet); Parque Nacional Los Quetzales (SINAC); CR Hoy; Costa Rica Spirit; Paradise Catchers.

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