Fachada en el Caribe: “Macho Coca” usaba restaurantes y tajos para mover droga

Documentos de los EEUU detallan cómo estructura se movía en las sombras

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En el Puerto de Limón, la rutina diaria entre redes de pesca, barcos comerciales y tajos de extracción parecía discurrir con normalidad.

Sin embargo, bajo el ropaje de actividades legales como la pesca comercial y astilleros informales, Gilbert Bell Fernández, alias “Macho Coca”, tejió una compleja red logística que convertía a la costa caribeña en una de las plataformas de trasbordo de cocaína más activas hacia los Estados Unidos.

Esta fue la jugada final que hizo caer a “Macho Coca”

Los expedientes del tribunal federal de Nueva York revelan cómo el presunto capo utilizó establecimientos cotidianos y parajes discretos para coordinar cargamentos millonarios de droga.

Junio de 2022: La cartografía de los encuentros clandestinos

La investigación de la DEA logró documentar la dinámica de las reuniones estratégicas celebradas a mediados de junio de 2022.

A través de informantes encubiertos, se reconstruyó la ruta física que utilizaba la organización para concretar sus negociaciones:

  • El restaurante comercial en Limón: La primera escala operativa tenía lugar en el restaurante de uno de los colaboradores clave de la red. Este local gastronómico funcionaba como centro de recepción para los compradores y punto de enlace inicial antes de trasladar las reuniones a zonas de menor vigilancia.
  • El tajo de piedra: Tras recibir a los contactos en el restaurante, la logística se trasladaba a un pequeño tajo de extracción de piedra ubicado cerca de la residencia de Bell Fernández en Limón. En este enclave industrial, rodeado de maquinaria y tajo abierto, “Macho Coca” recibía personalmente a los enviados, al aire libre y lejos de miradas indiscretas, para negociar la pureza de la droga, coordinar la entrega de muestras y definir las rutas del trasiego marítimo.
  • El circuito de seguridad de los socios: La estructura dependía además de operadores logísticos que coordinaban llamadas paralelas y traslados en vehículos particulares para despistar a las autoridades costarricenses.

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De las reuniones al “pago en el baño”

La naturalidad con la que se utilizaban estos espacios cotidianos quedó al descubierto en febrero de 2023. Tras coordinar vía telefónica la entrega de una muestra de prueba, un informante confidencial se reunió nuevamente en el restaurante en Limón.

Allí, el pago de $6,000 dólares en efectivo por un kilogramo de cocaína se efectuó discretamente en el baño del restaurante. Minutos después, los allegados a Bell Fernández recogieron el paquete rectangular en la vivienda del presunto capo y lo arrojaron al interior del vehículo del informante en las afueras del local, completando la transacción.

Esta combinación de negocios gastronómicos, tajos de piedra y operaciones en astilleros dio a “Macho Coca” la cobertura perfecta para operar a plena luz del día en el Caribe costarricense.

Con la colaboración de César Madrigal.