
En el Puerto de Limón, la rutina diaria entre redes de pesca, barcos comerciales y tajos de extracción parecía discurrir con normalidad.
Sin embargo, bajo el ropaje de actividades legales como la pesca comercial y astilleros informales, Gilbert Bell Fernández, alias “Macho Coca”, tejió una compleja red logística que convertía a la costa caribeña en una de las plataformas de trasbordo de cocaína más activas hacia los Estados Unidos.
Esta fue la jugada final que hizo caer a “Macho Coca”
Los expedientes del tribunal federal de Nueva York revelan cómo el presunto capo utilizó establecimientos cotidianos y parajes discretos para coordinar cargamentos millonarios de droga.
La investigación de la DEA logró documentar la dinámica de las reuniones estratégicas celebradas a mediados de junio de 2022.
A través de informantes encubiertos, se reconstruyó la ruta física que utilizaba la organización para concretar sus negociaciones:
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La naturalidad con la que se utilizaban estos espacios cotidianos quedó al descubierto en febrero de 2023. Tras coordinar vía telefónica la entrega de una muestra de prueba, un informante confidencial se reunió nuevamente en el restaurante en Limón.
Allí, el pago de $6,000 dólares en efectivo por un kilogramo de cocaína se efectuó discretamente en el baño del restaurante. Minutos después, los allegados a Bell Fernández recogieron el paquete rectangular en la vivienda del presunto capo y lo arrojaron al interior del vehículo del informante en las afueras del local, completando la transacción.
Esta combinación de negocios gastronómicos, tajos de piedra y operaciones en astilleros dio a “Macho Coca” la cobertura perfecta para operar a plena luz del día en el Caribe costarricense.
Con la colaboración de César Madrigal.