
En la dinámica del crimen organizado transnacional, el respaldo de carteles internacionales suele presentarse como el estándar máximo de poder de fuego.
Sin embargo, en el caso de Gilbert Bell Fernández, alias “Macho Coca”, el control territorial del Caribe costarricense no se delegaba a actores foráneos.
Esta fue la jugada final que hizo caer a “Macho Coca”
Según los documentos de las autoridades de Estados Unidos, el presunto capo desestimó el apoyo de pistoleros mexicanos, haciendo valer una estructura armada autóctona instalada en Costa Rica para resolver disputas sangrientas por el control de la zona.
El revelador cruce de palabras se produjo el 1 de agosto de 2023 en una reunión clandestina celebrada en San José.
Durante la cumbre, grabada en audio y video por informantes confidenciales de la DEA, las partes afinaban los detalles para la exportación de 700 kilos de cocaína hacia Nueva York cuando Bell Fernández solicitó una pausa logística antes de ejecutar el despacho:
La negativa de Bell Fernández expone la presencia de una estructura armada con capacidad bélica propia operando en Costa Rica.
De acuerdo con las investigaciones federales, la preferencia por sus propios pistoleros respondía a la necesidad de mantener el monopolio de la fuerza sin permitir la injerencia de carteles mexicanos o redes extranjeras.
Esta demostración de poder local se suma a confesiones previas ante agentes encubiertos, donde Bell Fernández se jactó de su capacidad de ajuste de cuentas, admitiendo haber ordenado ejecuciones en el pasado contra personas que intentaron traicionarlo o aprovecharse de sus negocios.
La combinación de capacidad de fuego local y dominio de las costas le permitió afianzar su control en el Puerto de Limón durante años.
Con la colaboración de César Madrigal.