
En los pasillos del narcotráfico internacional, las operaciones a gran escala suelen ser el mayor orgullo de una red criminal y, al mismo tiempo, su condena.
Durante años, Gilbert Bell Fernández, alias “Macho Coca”, operó como el dueño indiscutible de las rutas marítimas y el tráfico de drogas desde el Puerto de Limón, Costa Rica.
Sin embargo, una ambiciosa negociación para colocar casi una tonelada de cocaína en las calles de Nueva York terminó convirtiéndose en el ardid que permitió a las autoridades internacionales de la DEA cerrar el cerco sobre su estructura.
El punto de quiebre definitivo se concretó a inicios de agosto de 2023.
En una reunión clave celebrada en San José, Costa Rica, monitoreada y grabada en audio y video por agentes encubiertos e informantes confidenciales dirigidos por la DEA, Bell Fernández selló un trato estratégico para la venta y transporte de aproximadamente 700 kilogramos de cocaína con destino final a la ciudad de Nueva York.
Los términos económicos y logísticos acordados reflejan la magnitud del negocio:
Esta ofensiva hacia el mercado neoyorquino no fue un movimiento aislado, sino la respuesta desesperada de una organización acosada por el asedio policial previo.
Durante la investigación, las interceptaciones revelaron el impacto que las operaciones internacionales ya generaban en la logística de “Macho Coca”:
El rastreo minucioso de cada movimiento y la entrega garantizada de pruebas audiovisuales dejaron a la red sin margen de maniobra, marcando el fin del control imperial de “Macho Coca” sobre el Caribe costarricense.
Con la colaboración de César Madrigal.