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De Moldavia a Ucrania, pasando por Filipinas, Alemania y Medio Oriente, las plataformas digitales enfrentan una ola masiva de redes encubiertas dirigidas a desestabilizar gobiernos y manipular el debate público mediante tecnologías de vanguardia.
A escala internacional, el volumen y la sofisticación técnica de las redes de manipulación encubierta han alcanzado cifras históricas.
Los informes globales de TikTok documentan el uso sistemático de proveedores masivos de interacciones falsas (fake engagement vendors), herramientas de inteligencia artificial generativa para la creación de avatares ficticios y la suplantación directa de cadenas de noticias y agencias de periodismo internacional.
Solo en Moldavia, una única red vinculada a proveedores de interacciones compradas (fake engagement vendors) acumuló casi mil cuentas y más de 7,4 millones de seguidores para erosionar la credibilidad del gobierno antes de las elecciones parlamentarias.
“Evaluamos que esta red operó a través de un proveedor de interacciones falsas para amplificar narrativas críticas hacia el gobierno moldavo antes de las elecciones parlamentarias de 2025”, dice el texto.
De forma paralela, en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, una red operada desde territorio ucraniano en febrero de 2025 empleó 28.713 cuentas y engañó a más de 300 mil seguidores al difundir propaganda en Rusia, Georgia, Croacia y Bielorrusia.
En otros continentes como Asia y Oceanía, estos fenómenos no pasaron desapercibidos y utilizaron técnicas más sofisticadas.
El análisis de la plataforma muestra como en Filipinas y China, los operadores crearon perfiles que publicaban inicialmente recetas de cocina o consejos financieros para captar seguidores antes de virar hacia la propaganda ideológica, para luego promover la supremacía económica y tecnológica de Pekín a nivel mundial.
“Evaluamos que la red fue administrada por una agencia de marketing digital para manipular el discurso político mediante la amplificación de contenido negativo”, explica Tik Tok.
Lo que antes se percibía como propaganda aislada se ha consolidado como una industria transnacional multimillonaria diseñada para moldear la conversación pública.
Los reportes globales de seguridad digital desvelan un ecosistema donde “mercenarios digitales” y herramientas de última generación neutralizan de forma sistemática miles de cuentas falsas que intentan restablecerse tras ser eliminadas.
En Europa Occidental y Medio Oriente, la suplantación de marcas periodísticas e identidades de alto perfil ha sido la tónica predominante.
En Alemania, durante febrero de 2025, una red de 40 cuentas (213.345 seguidores) incorporó términos como “news” o “nachricht” en sus perfiles para impulsar al partido AfD, mientras que otra red conspirativa de 9 cuentas redirigía a los usuarios a enlaces externos para “solicitar a los usuarios que proporcionaran sus datos personales”.
África Occidental y Francia, tampoco se escapan de estas redes, ya que Tik Tok revela una operación coordinada desde Togo en marzo de 2025 (129 cuentas y 6.581.841 seguidores) adoptó un formato de noticiero para debilitar la política exterior francesa en la región.
Estas redes transfronterizas operan bajo la opacidad algorítmica y la imposibilidad de regulación por parte de un solo Estado.
“Hablamos básicamente de la creación y difusión de contenido falso o engañoso que se crea precisamente con una intención o con una intencionalidad deliberada de producir un efecto sobre procesos democráticos”, explica sobre este fenómeno Giselle Boza, coordinadora del Programa de Libertad de Expresión de la Universidad de Costa Rica (Proledi-UCR).
La inteligencia artificial generativa se ha convertido en el principal catalizador para falsificar identidades a gran escala.
En Europa Oriental, una red de 28.713 cuentas coordinada desde Ucrania utilizó algoritmos externos de IA para fabricar avatares fotorrealistas con el objetivo de interferir en contiendas electorales e incitar deliberadamente al odio étnico.
“La red utilizó herramientas externas de inteligencia artificial generativa fuera de la plataforma con el fin de crear avatares ficticios de usuarios e incitar al odio étnico”, subraya el informe.
Incluso, en Tailandia, una red de 398 cuentas con 709.570 seguidores utilizó inteligencia artificial para generar animaciones con “personajes de animales” como vehículo de comentario geopolítico.
Sobre esto, Boza señala que en muchas ocasiones es culpa del mismo usuario por no cumplir con la responsabilidad de verificar la información.
“Esas ecuaciones algorítmicas en donde yo recibo lo que quiero recibir porque así funciona el algoritmo, me deben hacer pensar que yo no puedo confiar en todo lo que me aparece en redes sociales” explicó.
La desinformación moderna ya no busca únicamente convencer sobre una mentira puntual, sino destruir la noción misma de la verdad compartida.





