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Opinión

Alternativas: La ecología del amor

El papa Francisco en su encíclica Laudato si nos presenta una verdadera ecología del amor. Con alegría de feligrés recibo las guías teológicas y las normas éticas que el Papa nos regala y que nos mueven a fortalecer el amor y el aprecio por las criaturas creadas por Dios. Cada criatura nos transmite el amor de nuestro Creador.

 

Fiel a la escogencia de su nombre como pontífice, el Papa nos transmite el amor de san Francisco de Asís por todas las criaturas y nos recuerda que las relaciones entre los humanos, y las de los humanos con las criaturas, deben ser signadas por el amor. En la vivencia de esas relaciones de amor se plasma la ecología integral que el papa Francisco nos propone.

 

Evidentemente las relaciones entre los organismos vivientes y su ambiente incluye, y de manera muy especial, la relación entre las personas y su ambiente. Por eso la ecología integral que Laudato si nos propone incluye -y se centra- en las relaciones de los diversos seres humanos entre sí, y con su ambiente no solo natural sino también social, cultural, político y económico. 

 

La encíclica hace claro a los cristianos que no podemos, ni en nuestras acciones individuales, ni en nuestro comportamiento social, político y económico, ser indiferentes a los daños que nuestras acciones causan a la naturaleza. Y por ende nos convoca a un cambio de comportamiento personal y a la adopción de las medidas nacionales e internacionales necesarias para enfrentar el cambio climático, la contaminación, la escasez de agua, la pérdida de especies, el deterioro de la calidad de vida humana, la degradación social y las injusticias entre y dentro de los países.

 

Por eso el Papa nos propone una verdadera conversión ecológica interior, y la adopción de acciones comunitarias que favorezcan relaciones basadas en el amor y la moderación. Se trata en todo esto de hacer patente el espíritu cristiano, que nos llama a escoger determinados fines en nuestra conducta, y a actuar por amor y así buscar el bien de los demás, incluyendo a las futuras generaciones.

 

Con el respeto debido a una persona de tantos méritos y realizaciones como el papa Francisco, leo también sus criterios negativos respecto a la economía y la tecnología. Pero estos temas que no son de fe ni de moral, ni los comparto, ni los creo convenientes para superar los problemas de la pobreza que todavía golpea a tantísimas personas, ni los considero adecuados para enfrentar los graves retos ecológicos que enfrentamos.

 

Ciertamente no existen mercados que representen los legítimos intereses de las generaciones futuras, y las medidas de rentabilidad no incluyen los costos ambientales de las acciones económicas. Ello obliga a establecer impuestos y normas de conducta que suplan esas debilidades de los mercados. Pero eso no significa que basarse en puras medidas centralizadas de autoridad -dejando de lado los sistemas descentralizados de generar información y tomar decisiones- sea mejor para eliminar la pobreza y para enfrentar los riesgos ecológicos.

 

Ha sido el mercado el que ha hecho posible en los dos últimos siglos el crecimiento de la población y la enorme creación de riqueza que ha permitido que por primera vez en la historia tanta gente y una proporción tan elevada viva fuera de la pobreza.

 

El escéptico trato de la economía incluso pone en duda las ventajas de la estrategia de compraventa de “bonos de carbono”, la cual permite reducir las emisiones con el menor costo en términos de disminución de la producción. Ante la realidad de la pobreza no parece consecuente esa posición.

 

Pero estas diferencias de apreciación sobre las medidas para aplicarlas no disminuyen las enormes ventajas de la visión teológica y las normas morales de Laudato si.

 

PERIODISTA: Miguel Ángel Rodríguez

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Lunes 20 Julio, 2015

HORA: 12:00 AM

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