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Opinión

El peligro del desencanto del electorado

Felipe Guadamuz Flores* / Columna de ANFE

Los acontecimientos de las últimas semanas han dejado algo muy claro que fue expresado por el analista Juan Carlos Hidalgo: La hegemonía bipartidista del pasado se ha visto vulnerada por un nuevo actor político con las mismas ínfulas de poder y hasta pareciera ser que inmoralidades de la vieja escuela, esto ha significado una pugna de poder a ver quién se queda con el botín estatal, por medio de los jugosos contratos administrativos, pensiones de lujo y demás gollerías que las élites políticas latinoamericanas y del tercer mundo en general están acostumbradas a percibir. Esto sin embargo, no debe de implicar que como electores que somos debamos de caer en la peligrosa trampa de seguir el populismo.

En el proceso de análisis y argumentación tendemos a caer con mucha frecuencia sesgos cognitivos, esto quiere decir que hay situaciones que creemos saber pero que en realidad no es así y esto da como resultado que nuestro análisis y argumentación sea incorrecto, con lo cual se generan no solo análisis erróneos sino que estos podrían acarrear consecuencias nefastas, como las que se observan con la actual intención de voto donde se habla de ir a meter a la cárcel a un diputado que se sepa es corrupto.

Antes que nada, habría que entender qué se entiende por corrupción y aquí se evidencia uno de esos sesgos de razonamiento, pues para entender qué es corrupción habría que saber cuáles fueron los hechos que llevaron a que se diera tal calificativo a determinada situación. Uno de los problemas con los sesgos cognitivos y los procesamientos heurísticos es que, en el caso de estos últimos, se usan como atajos para tratar de dar una solución a un problema complejo que requeriría mucho análisis y tiempo, sin embargo, por nuestra pereza de pensar, muchas veces tomamos esos atajos sin ponernos a pensar en cuáles podrían ser los resultados. 

No se puede llegar simple y llanamente con un policía a detener a un diputado, esto solo ocurre en países totalitaristas que si bien es cierto muchos aspirantes a faraón desearía que así fuera, muy para su pesar vivimos en un estado de derecho donde las leyes se respetan, pues no es al diputado al que se le protege cuando se le resguarda por medio de la inmunidad parlamentaria sino que es a los electores que lo eligieron para que les representara, es por ello que no existe ningún impedimento en demandar civilmente a un diputado y cobrarle daños y perjuicios, solicitar el embargo de sus bienes y hasta el desahucio de la propiedad en la que vive, pero no se le puede llevar a la cárcel, como algunos pretenden hacerlo.

El estado de derecho se concibió para que el gobierno no hiciera de las suyas, más de lo que ya lo hace, y atacara impunemente o de manera arbitraria a los ciudadanos, he ahí la necesidad de un poder judicial fuerte e independiente, por lo que es de suma preocupación ver cómo aparentemente existen redes a lo interno de ese poder que se han revelado en los últimos días y esto pone en tela de duda el sistema de justicia del país. Costa Rica no puede ni debe darse el lujo de convertirse en otro de esos países corruptos de América Latina donde lo único que reina es la corrupción y la impunidad. 

El tema del cemento chino es de suma preocupación por el hecho de supuestamente develar las redes de influencia que aparentemente se han entramado en la propia institucionalidad del país, pero no es el único ni será el último de su especie, pues en tanto haya posibilidad de hacer dinero fácil, siempre habrá alguien dispuesto a arriesgarse con tal de vivir en opulencia con el mínimo esfuerzo. Los habitantes somos quienes tenemos la obligación de detener estos aparentes abusos por medio los mecanismos legales con los cuales contamos.

Las élites políticas se han refugiado en el hecho de que el pueblo usualmente era ignorante y con tan solo un apretón de manos del candidato presidencial de turno era más que suficiente para votar por él; las cosas han cambiado y el pueblo costarricense tiene más educación que antes, ya no es con apretones de manos ni falsas sonrisas que se encanta al electorado, en efecto, los electores pensantes no queremos encantos, queremos realidad, soluciones pragmáticas que no se adoben con intelectualismo desconectado de la realidad sino con propuestas de políticas públicas que sean acorde a la realidad nacional y no copias ni plagios de aquellas creadas para las realidades de otros países.

Si queremos que Costa Rica salga adelante y no nos hundamos como pareciera el caso, tenemos que comenzar por lo más básico que es el respetar las leyes y no escuchar a los estultos y mal intencionados que se desgalillan contra la corrupción pero que, como dice el refrán, son herreros que en sus casas tienen cuchillos de palo.

 

*El autor es director del Instituto de Políticas Públicas y Libertad de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología

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Martes 26 Septiembre, 2017

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