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Detrás de la fachada de préstamos informales y los lujos descubiertos en Cartago, la organización desarticulada por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), autodenominada “Familia Laden”, operaba bajo un esquema de violencia y terror psicológico contra sus víctimas.
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Según detalló el director del OIJ, Michael Soto, el mecanismo de los créditos “gota a gota” se convertía rápidamente en una trampa financiera imposible de saldar. Los montos prestados, que oscilaban entre los 300 mil colones y varios millones, multiplicaban sus intereses de forma abusiva por semana o quincena, atrapando a los deudores en deudas eternas.
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Ante la imposibilidad de pagar cuotas desproporcionadas, los cobradores de la red pasaban a la agresión directa.
Las autoridades confirmaron que el grupo recurría a tácticas de extrema intimidación, las cuales incluían amenazas directas contra la integridad física de las personas y, en los casos más graves, disparos contra las casas de habitación de los deudores para forzar el pago.
Este clima de constante hostigamiento generaba un profundo temor que frenaba a los afectados para acudir a las instancias judiciales.
Casos documentados por las autoridades evidencian cómo familias enteras perdieron sus hogares y patrimonios tras ser coaccionadas para traspasar propiedades a nombre de los sospechosos en casos de este tipo.
La policía judicial advirtió sobre la gravedad de este fenómeno criminal que continúa expandiéndose en zonas rurales y urbanas del país, aprovechándose de la vulnerabilidad económica de personas sin acceso al crédito formal.
Durante los operativos ejecutados con el apoyo táctico del SERT, las autoridades incautaron armas de fuego y municiones almacenadas en grandes cajas fuertes dentro de las propiedades de los sospechosos, evidenciando el poder de fuego con el que operaba la red para sostener su lucrativo y violento negocio de extorsión cobratoria.