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Esteban Quesada y su pareja representan el rostro de cientos de personas que enfrentan la dura realidad de tener los bajos de los puentes como hogar.
En lugares como este, cada día es una batalla. La vida se organiza en rutinas tan simples como crudas: salir a buscar, con suerte, 2 comidas al día para ambos.
Aquí no se vive, se resiste. Se aguanta el frío, el ruido y la indiferencia. Se sobrevive.
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