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Opinión

Acoso escolar: una campaña no es suficiente

Editorial

“En casos más graves, los afectados han tomado decisiones lamentables como atentar contra sus propias vidas, pues el ‘bullying’ llega a tal punto que desean abandonar este mundo y dejar atrás tanto el dolor como el sufrimiento que los embarga”.

 

Aunque pocas personas lo saben, cada 2 de mayo se conmemora el Día Internacional contra el Acoso Escolar, conocido ahora como “bullying”. Costa Rica no es la excepción de los países que luchan por acabar con este problema que principalmente afecta a los centros educativos. 

Es lamentable saber, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que al menos el 11% de los niños que entrevistaron afirma haber sido víctima de algún compañerito, amiguito, conocido, o en algunos casos, por parte de otros menores con quienes no tiene relación. 

Muchos pensaron que con la pandemia los casos de acoso escolar iban a disminuir, sin embargo, y lastimosamente, nada más cambiaron de escenario, pues dejaron las aulas para pasarse a las redes sociales, las clases por medio de Zoom e incluso los mensajes de texto y vía WhatsApp o por plataformas similares.

Más allá de las acciones que pueden suceder en etapas tempranas de la edad, el “bullying” comprende uno de los fenómenos sociales que más impacta en diversas etapas de la vida. Datos expuestos por la OCDE ponen a Costa Rica en el segundo puesto en Latinoamérica en acoso escolar.

En casos más graves, los afectados han tomado decisiones lamentables como atentar contra sus propias vidas, pues el “bullying” llega a tal punto que desean abandonar este mundo y dejar atrás tanto el dolor como el sufrimiento que los embarga al sobrellevar una vida sin paz.

Pero el fenómeno no se queda a nivel escolar, pues abarca otros contextos, entre estos el universitario, además tiene diversos tipos de accionar, así como una variedad de efectos para quienes lo sufren. Una investigación realizada en 2014 por King’s College de Londres descubrió inclusive que los efectos psicológicos negativos que sufren las personas con el “bullying” permanecen durante 40 años después de haber sido víctima de acoso. 

¿Que por qué no denuncian? ¿Por qué se quedan callados o toman decisiones tan lamentables? ¡El miedo, la vergüenza, la angustia, la frustración, la intranquilidad, el pesar y la zozobra le tapan la boca hasta al más valiente!

Además, no podemos obviar que en muchos hogares la falta de comunicación también provoca que las víctimas de acoso guarden silencio, si no hay canales abiertos con los parientes, estos nunca se darán cuenta de las vivencias de sus hijos, inclusive podrían tildarlos de mentirosos, fantasiosos o algunos otros epítetos, es decir, en lugar de ayudarlos, si no les creen o se dan cuenta, podrían hacerlos sentir peor.

El hecho de que el acoso escolar esté tan presente en nuestra sociedad deja muy claro que continuamos en deuda con la juventud costarricense, pues a pesar de las múltiples campañas en contra de esta situación, todo hace ver que continúa en aumento y ya está comenzando a salirse de las manos de las autoridades.

Uno de los datos más alarmantes sobre este tipo de violencia en Costa Rica es que, de acuerdo con las estadísticas, entre el 70% y 80% de la atención que los psicólogos dan a los adolescentes con proceso de internamiento se relaciona con este problema.

Otra cifra preocupante es que solo en 2015 se detectó que, del total de suicidios en adolescentes, 21 estaban vinculados con “bullying”, entonces nos preguntamos qué estamos haciendo como sociedad para permitir que estas personas sufran en silencio sin tener refugio, ayuda ni consuelo. 

El mayor mal que encaramos es que a cada rato anuncian campañas con bombos y platillos, sin embargo, a la hora de llegada los resultados no son palpables, ni mucho menos dan verdaderas capacitaciones a los maestros y profesores para luchar contra este flagelo. 

Además, existen muchos docentes que a como sea se quitan el tiro o se hacen los locos con tal de no involucrarse en un problema y prefieren obviar comportamientos de acoso para evitarse los trámites que implica una investigación.

Los adultos somos los primeros llamados a detectar y detener situaciones anómalas que estén ocurriendo, así como de buscar soluciones para evitar que más niños y jóvenes sufran por acosos y abusos de otros compañeros.

Pero la principal tarea que tenemos consiste en educar a nuestros hijos y todos los jóvenes que tengamos cerca para que aprendan que nadie tiene derecho a ofender, denigrar, golpear o aprovecharse de ninguna forma de otras personas.

Lo importante es que busquen la ayuda de un adulto para solucionar el problema, convertirse en víctimas silenciosas no favorece en nada y muchas veces termina en tragedia.

Necesitamos más acciones que campañas, ocupamos un verdadero compromiso por parte del personal docente, de los directores, de los padres de familia, pero también de los jóvenes que ven cómo sus otros compañeros actúan mal.

Recordemos que el silencio nos hace cómplices de todas estas situaciones anómalas, lo mejor es hablar, denunciar, pero sobre todo dar acompañamiento a los niños y jóvenes de nuestros hogares.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Martes 04 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

CRÉDITOS: Editorial

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