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Espectáculos

Implicaciones y cuidados del sexting

Un tema para tomar con seriedad

La cultura de Internet ha establecido este 18 de abril como el día de enviar “nudes”. Esto quiere decir que se está invitando a las personas a enviar fotos desnudas, con poca ropa o sugestiva a los contactos que desee; sin embargo, antes de participar de esta moda es importante que se tome un tiempo para recapacitar sobre las implicaciones y riesgos de compartir este tipo de contenido a través de Internet, un medio donde perdemos el control de lo que enviamos, porque hay diferentes aspectos que se deben tomar en cuenta.
Esta práctica forma parte del concepto llamado “sexting”, que implica el envío de mensajes de carácter sexual, erótico y/o pornográfico por medio de dispositivos móviles o computadoras.
Conforme avanza el tiempo, esta práctica se ha ido normalizando cada vez más, especialmente en el contexto de la pandemia, ya que muchas personas y parejas han encontrado en esta práctica una forma de sentirse más cerca de aquellas con quienes comparte alguna química sexual, pero con quienes no puede mantener una cercanía en muchos casos.
El envío de este tipo de contenidos ha sido ampliamente criticado, y no es que por sí sola sea mala o negativa esta práctica, al contrario, puede llevar a las personas, en relaciones casuales o de pareja establecidas a conectarse eróticamente en la distancia, a seducirse y jugar con palabras e imágenes. La sexualidad es completamente natural, la necesidad de excitarnos en pareja y seducir es parte de quienes somos, y en la actualidad los chats por dispositivos móviles son de las formas más habituales de comunicación, por tanto, esta mezcla es simplemente esperable y no se debería de condenar de manera contundente.
Sin embargo, hay que tener claros los riesgos y de esa manera tomar precauciones, para que resulte únicamente en una práctica divertida sin ninguna consecuencia que lamentar.
Una de las poblaciones más vulnerables ante estos desenlaces son los adolescentes, ya que muchas veces se utiliza la presión de los pares para obtener el contenido y posteriormente enseñar a los amigos, o se utiliza la presión en una época de gran vulnerabilidad, lo que hace que sea más fácil que se sucumba ante esta, quedando expuesta a la persona. Por tanto, como familia y ámbito educativo, es de suma importancia informar a los y las adolescentes sobre el tema, hablar abierta y claramente como clave, para exponer los riesgos y entregar un mensaje de precaución. Pero el trabajo más importante es el de fortalecer el amor propio en nuestros jóvenes, ya que el no dejarse influenciar por el ambiente ante la presión de los pares tiene como eje la seguridad y la autoestima. No solo para quien comparte el contenido, sino para quien no se deja influenciar para compartir, porque es en ese ente donde yace el verdadero riesgo, pero de eso hablaremos más adelante.
Según datos compartidos en instituciones del país entre los riesgos más evidentes está la exposición, la fotografía o el video sale del ámbito privado y llega a ser visto por personas fuera de la pareja donde se dio la interacción inicial. No solo se enseña directamente, sino que es compartido en grupos de chats, lo que hace que la proliferación sea rápida y extendida.
Resulta importante recordar que, cuando se trata de menores de edad, la ilegalidad ante el compartir las imágenes aumenta.
“Sextorción”, esto se ha visto de manera extendida, donde a cambio de no revelar el contenido que se tiene en el poder (imágenes, videos, audios) se piden cosas materiales o “favores”, volviéndose entonces ese contenido erótico como material de extorsión.
Es importante hacer saber que una vez que una imagen sale de nuestro poder perdemos control completo sobre la esta, así la persona a la que se le envía sea de gran confianza, podría haber un riesgo de robo del dispositivo, o que alguna persona cercana pueda acceder a este. O lamentablemente, que la relación se lesione o termine y que el interés por cuidar ese contenido ya no sea el mismo.
El riesgo lo tenemos claro, por tanto, la educación hacia nuestros jóvenes es vital, y la concientización y cuidado como adultos, en nuestro propio ámbito es una elección que podría evitarnos consecuencias desagradables.
En particular, yo desaconsejo el sexting en adolescentes, ya que a esta edad la inmadurez y la presión de pares hace que sea una población vulnerable ante los riesgos.
¿Pero y si son adultos? Hay que partir de que la culpa de que se filtren las fotografías no es de la persona que las envió, sino de la persona que viola la confianza y las comparte; se supone que son dos adultos responsables, respetuosos y seguros que no necesitan probar nada ni dañar a partir de este intercambio íntimo; pero lamentablemente esto no siempre es así, y por eso se busca el asegurar algún tipo de confidencialidad a la hora de compartir estas fotografías. Para poder realizar un “sexting con cierto nivel de seguridad” es importante tomar en cuenta lo siguiente:
• Confianza. Esta es una práctica que requiere madurez y confianza. Por tanto, es preferible compartirlo con una pareja, ya que se conocen mejor los cuidados que tendrá con el contenido erótico enviado, si no conoce bien a la persona también se desconoce sus intenciones y la manera en la cuidará esta información. Así que, aun cuando evidentemente no es una práctica exclusiva para parejas estables, pueden las mismas proporcionar mayor seguridad.
• Acuerdos. En el “sexting”, como en cualquier otra práctica en el ámbito sexual, es vital la comunicación. El comunicar en qué estamos de acuerdo, qué no permitimos, qué esperamos de la otra persona y qué acuerdos vamos a respetar en pareja, como cuidados que preceden el riesgo. Por ejemplo, el definir que una vez que se divisan las fotografías se van a borrar, o se guardarán en carpetas secretas con clave de acceso, son algunos de los acuerdos que deben dejarse claro antes.
• Identidad. Para evitar el reconocimiento en caso de que las fotografías se filtren, son aliados los ángulos en los cuales, si se toma la fotografía del cuerpo desnudo (o en ropa interior), no se vea la cara de la persona que envía la fotografía; y viceversa. De esta manera no se podría (ante un robo, un accidente o la divulgación) comprobar de manera ligera quién es el remitente de estas imágenes. También se debe evitar elementos característicos de la persona, como lunares o tatuajes.
Pero, recordemos, la culpa de que el sexting deje de ser divertido y se vuelva riesgoso no es del remitente, sino del destinatario.
Como sociedad debemos dejar de actuar desde la condena y la doble moral ante el contenido sexual, la sexualidad es parte del ser humano, la desnudez es natural, por tanto si se filtra un desnudo no debería de indignarnos la imagen, sino la falta de respeto y de consentimiento detrás de esa filtración. Dejar de ver con morbo lo ajeno y entender que todos y todas tenemos el deber de transformar las prácticas machistas y violentas para construir un entorno más saludable con respecto a la sexualidad.

*Sexóloga Durex

PERIODISTA:

CRÉDITOS: Marianela Arias*

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Sábado 17 Abril, 2021

HORA: 12:00 AM

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