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Opinión

Las ocho piezas del rompecabezas dictatorial - Parte I

David Francisco Nani

Un fantasma regresó al mundo. Es la izquierda política. Esta tendencia aboga por un control creciente del Estado con respecto a la producción, limita libertades individuales (pensamiento, prensa, etc.), parte de presunciones de mesianismo, aborrece al mercado y plantea “soluciones” radicales. Izquierda política supone movimientos y gobiernos que detentan el poder estatal o buscan conquistarlo. No abarca vanguardias artísticas ni movimientos sociales democráticos. Sin más preámbulo, inicio el texto. 

1-La autonomía universitaria es a la izquierda lo que las montañas son a la guerrilla.

Muchas universidades latinoamericanas lamentablemente se han convertido en caldo de cultivo para la izquierda política. Bajo el abrigo de la autonomía universitaria, se defiende a ultranza el pensamiento de izquierda (o, más bien, una parte de este). 

Se requiere ciencia y arte, pero la izquierda impone su agenda en nombre de unas supuestas “conciencia y compromiso sociales”. Detrás de esos conceptos se esconde el deseo de imponer su grotesco voluntarismo político, según el cual buscar la superación de la pobreza o de la desigualdad debe pasar, inevitablemente, por la colección de estupideces económicas y políticas del programa izquierdista, siendo anatema toda otra propuesta. 

Arte, ciencia y pensamiento necesitan debate, crítica, para alcanzar la calidad. Pero la izquierda practica lo contrario, entroniza su visión y persigue las ideas distintas. Proscritos resultan el liberalismo, el psicoanálisis o la teoría general de sistemas. El estudiante que no comparte los idearios “progres” resulta blanco de violencias. Docente contrario al manual, termina descrito como “retrógrado” y lo despiden. Los críticos ajenos cuyo escrutinio enfoca a académicos o proyectos de la casa de enseñanza, se les acusa de atentar contra la autonomía. Así la izquierda política imprime socialmente su ideario, porque impone postulados nunca debatidos. También construye su burda pretensión de “alta cultura”.

2-Las primeras víctimas son la razón, ¡y el propio pensamiento crítico!

La izquierda política se denomina como la solución racional, mas tal idea resulta falsa. Su forma de análisis es precaria por cuanto se dice científica, pero desconoce un aspecto básico de la ciencia, la relación entre los hechos empíricos y los enunciados de verdad. Así, al analizar los crímenes de la ex-URSS o de la dictadura venezolana, este tipo de persona responde con evasivas, eufemismos o insultos, pero jamás con una respuesta científica.

Pensadores tan variados y distintos entre sí, como Von Mises, Merleau-Ponty, Karl Popper, Bakunin, Arendt, o Mario Bunge desarmaron el burdo castillo de naipes del marxismo-leninismo, o echaron por tierra al “socialismo histórico”, o bien realizaron fortísimas críticas al marxismo original. Pero todo esto sigue sin respuestas de verdad.

Otras víctimas son los pensadores críticos. Porque estos movimientos y gobiernos filtran autores, buscan que únicamente queden aquellos útiles para generar dictaduras. Son del beneplácito del izquierdista quienes proponen: a-concentrar poder en pocas manos, b-instituir límites infundados a las capacidades humanas para filosofar, c-defender la resignación frente a ciertas condiciones históricas (ej. justificar el estalinismo), d-generar estandarización del pensamiento. Por el contrario, desconoce y persigue a aquellos que, si bien retoman aspectos de Marx o abanderan la rebeldía, no se ajustan al proyecto. Así, las agudas reflexiones de la Escuela de Frankfurt (Fromm, Horkheimer, etc.), o el existencialismo de Camus (asesinado por la KGB) no son parte de la izquierda política.

3-“¡Comandante, mande y ordene!”

Esta corriente se escuda en la necesidad de los movimientos sociales para resolver calamidades. De entrada, este precepto no es nocivo, nuestro mundo dista de ser perfecto, hay injusticias; bajo algunas circunstancias la lucha puede ser válida. Pero constituye una idiotez defender a líderes autoritarios como inspiración liberadora. Son ídolos del izquierdista el Che, Trotsky, Mao, Hugo Chávez o Fidel; nunca Malcolm X, Martin Luther King, el mexicano-estadounidense César Chávez, o Gandhi. El “progre”, frente a las desgracias sociales, elige la bota militar y nunca se inspira en luchadores positivos. Del apoyo acrítico y total a mandos recalcitrantes, pasan a configurar estados autoritarios.

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Jueves 07 Marzo, 2019

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