
Joaquín Sánchez, jefe de la sección de Robos de Vehículos de la OIJ, confirma que este delito tiene un crecimiento alarmante y una doble afectación.
El experto detalla que, tras ser sustraídos, los automotores son falsificados para su reventa en el mercado de usados, perjudicando también al comprador.
Esta compleja estructura delictiva, que va más allá de un hurto casual, busca monetizar el bien robado de manera organizada. Sánchez advierte que el descuido al estacionar en vía pública facilita la acción de los ladrones, quienes aprovechan la falta de custodia para actuar con impunidad.