
Una silenciosa epidemia de hígado graso afecta a Costa Rica, donde se estima que el 30% de la población podría padecerla sin presentar síntomas.
El gastroenterólogo Daniel Zúñiga alerta que esta condición, que consiste en la acumulación de más de un 5% de grasa en el hígado, está directamente impulsada por las altas tasas de sobrepeso y obesidad en el país.
Aunque suele detectarse de forma incidental en chequeos médicos, su progresión sin control puede generar inflamación y fibrosis, lo que constituye la antesala de una cirrosis hepática.
Esta complicación grave explica el preocupante aumento de hasta un 80% en las listas de espera para trasplante de hígado.