
Gonzalo Dittel advierte sobre los riesgos para la salud mental que conlleva la frustración estudiantil, un estado emocional que puede manifestarse como enojo, desmotivación y bajo rendimiento ante expectativas poco realistas o dificultades de aprendizaje, tal como se analizó a raíz del caso de un menor en Limón que decidió acabar con su vida tras no pasar las pruebas estandarizadas del MEP.
Indicó que el sistema educativo actual exige una uniformidad que mide con la misma regla a personas con habilidades y ritmos de aprendizaje únicos, lo que genera una carga emocional enorme en estudiantes que no encajan en ese molde, sumado a que a menudo se menoscaban sus preocupaciones bajo la idea romántica de que la infancia es una época sin problemas.
Para contrarrestar esto, se destacó la necesidad crucial de que padres y educadores fomenten la tolerancia, desarrollen estrategias de afrontamiento como la respiración profunda y adapten la enseñanza a estilos visuales, auditivos o kinestésicos, respetando las diferencias individuales.
Además, se enfatizó que la salud mental es un tema que abarca desde la infancia hasta la adultez, y que identificar a tiempo los "gritos en silencio" de los menores, quienes sí piensan y sienten preocupaciones profundas, es responsabilidad de los adultos para prevenir tragedias.