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La falta de respeto y la corrupción son los límites que el público consultado señala para renunciar a un trabajo. Varias personas coincidieron en que el maltrato del patrono no se tolera en ningún caso.
Una de las participantes afirmó que no aceptaría gritos ni maltratos, ni contra ella ni contra otras personas presentes.
Una consultada sostuvo que el trabajo, el patrono o los compañeros no deben sobrepasar la dignidad de la persona ni sus principios morales y espirituales.
Señaló que si una persona practica una religión y no le permiten expresarla, el patrono no merece ese empleado. Añadió que la empresa privada abusa con frecuencia en salarios e injusticias.
Indicó que también dejaría un trabajo ante la corrupción, porque un empleado público no debería tolerarla ni hacerse de la vista gorda.