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Diez fichas representaron el amor propio de cada presentador en una dinámica del programa Llegó la Hora. El ejercicio propuso situaciones cotidianas donde el espacio personal compite con las demandas de otros.
Cada participante debía decidir si conservaba la ficha o la sacrificaba por la causa ajena. La dinámica consistió en dos rondas con tarjetas que describían escenarios concretos.
Una de ellas planteaba una meta personal que requiere tiempo y disciplina frente a la expectativa de disponibilidad permanente. Otro escenario describía el agotamiento tras un compromiso familiar previo. También apareció la presión de amigos para aceptar un plan que no gusta.
Una tarjeta adicional preguntaba si se respeta una hora reservada para uno mismo cuando alguien pide resolver un pendiente.
Una última tarjeta planteaba expresar una opinión distinta a la de todos aun con riesgo de crítica. Los presentadores debatieron cada caso antes de decidir si entregaban la ficha o la conservaban.