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Un sondeo preguntó a los transeúntes si todavía se sientan todos juntos a comer en su casa. Las respuestas reflejaron posturas divididas entre la conservación y el abandono de esa práctica.
La consulta se realizó con un micrófono abierto en espacios públicos y recogió testimonios de personas de distintas edades. Quienes mantienen la costumbre argumentaron que ese momento permite interactuar y compartir asuntos del día.
Quienes la abandonaron atribuyeron la situación al trabajo, los estudios universitarios y la falta de coordinación de horarios entre los integrantes del hogar.