Y llegó octubre…

Fernando Berrocal Exministro de Seguridad Pública

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Por dicha llegó octubre… y se acabó el mes de setiembre. 

Fue un mes de intensas lluvias, inundaciones y enormes desastres naturales, temblores, faroleadas con  vallas divisorias de policías, arroz con pollo selectivo y  muecas en Cartago y, para terminar, la fulminante destitución del Canciller de la República, por razones que  ponen de manifiesto, por los hechos conocidos y probados a posteriori, un enredo y un desorden macarrónico en el núcleo  operativo y funcional de la Casa Presidencial y el Ministerio de la Presidencia, sobre las prioridades de la agenda nacional y la coordinación interna y funcional de cualquier gobierno. 

De éste en particular y de cualquier otro elegido por la voluntad popular y en elecciones democráticas, como es el caso de Costa Rica.

Un mes intenso que termina, sorpresivamente, con una frase lapidaria de doña Laura Fernández que nadie discute: “La presidenta soy yo”. Lo es, sin duda alguna y lo es por la voluntad soberana y mayoritaria del pueblo y solo le debe subordinación a la Constitución Política y a las leyes de la República. A nada y a nadie más. A nivel nacional y mucho menos a nivel internacional. ¡Por favor! 

Lo que sí está difícil y bastante más complicado, dada la complejidad y extensión del sector público, es el agregado de la presidenta de la República sobre la exigencia de vertical disciplina del gabinete ministerial, cuando categóricamente afirma que “Ninguno tomará decisiones sin mi consentimiento”.

Imaginamos que es un decir emotivo y simbólico, propio de las circunstancias, o de otra forma la paralización y el inmovilismo del Poder Ejecutivo sería de antología histórica. Es que, en democracia, ningún liderazgo, ni el tiempo y la realidad, dan para tanto. Sería una “misión imposible” propia de una serie de Netflix, como “La Diplomática” que está buenísima y recomiendo mucho verla.

En fin…turbulencia pura y dura en el setiembre costarricense.   

 A nivel mundial, al menos, la reunión del presidente Trump con el presidente Xi, abrió un nuevo capítulo de DIPLOMACIA PANDA con dos ositos chinos llenos de encanto y belleza, símbolos de paz y amistad. Ello augura un mejoramiento en las relaciones entre las dos grandes super potencias militares, económicas y tecnológicas del mundo y, a lo mejor, porque tampoco nada está seguro y ahora la prioridad de la agenda internacional no es el control de las bombas atómicas sino los excesos y peligros de la inteligencia artificial, se logre un  mejoramiento del necesario multilateralismo, una gran reforma del Sistema de las Naciones Unidas  y hasta una solución negociada a las guerras en Europa y el Medio Oriente que tienen enloquecido el mercado de los combustibles y en una permanente tensión y peligro a la humanidad. 

¡Que Ping-Ping (paz) y Fu-Shuang (doble bendición) tengan mucho éxito! 

¿Y usted qué opina?