
Para que una población esté bien, lo más importante es que cuente con los insumos necesarios para sobrevivir, que tenga trabajo y además una excelente salud con el objetivo de poder desempeñarse en su rutina diaria.
Sin embargo, los vecinos del sector de Crucitas y en comunidades aledañas a Cutris de San Carlos sufren porque el agua que llega hasta sus hogares está contaminada con mercurio, situación que pone en riesgo su salud.
Es precisamente por esta razón que el Ministerio de Salud mandó a cerrar al menos cuatro acueductos contaminados y quizá lo malo no es la polución en sí, sino que las autoridades encargadas del tema no han podido solventar ni darle una buena calidad de líquido vital a los vecinos de estos lugares.
El punto es que no son poquitas personas las afectadas, sino que según los recuentos se trata al menos de 1.500 costarricenses que están siendo afectados por esta falta a la salud.
Quizá para algunos es muy fácil decir que se compre agua para consumirla, sin embargo, nadie sabe la situación económica en la que viven estas familias, además se desconoce si tienen problemáticas particulares con alguno de sus miembros en las que el agua sea de vital importancia, esto en especial cuando hay niños, adultos mayores y personas con alguna discapacidad y que requieran cuidados especiales que impliquen este líquido.
Es justo y necesario que los vecinos de dichas comunidades tengan el servicio por el que pagan, porque se torna desigual que mes a mes desembolsen un dinero para que ni siquiera estén seguros de lo que están consumiendo. Y es que no es solo que se quedaron sin el agua para beber, sino que esta limitante también les impide hacer su vida normal con acciones tan comunes y necesarias como bañarse, lavar ropa, sus alimentos y hasta para hacer lo que haría cualquier persona en su casa, como lavar el carro o atender su jardín.
Estos pueblos están realmente olvidados, porque no solo es el problema del agua, sino que también tienen afectación con las calles, la electricidad y ni qué decir de la inseguridad.
Con esto vamos a que los costarricenses tenemos mucho tiempo quejándonos de lo que sucede en Crucitas, pero la situación no pasa de eso: un cúmulo de quejas que todas juntas no resuelven el problema.
Es importante que de una vez por todas se delimite la cancha y se deje claro qué vamos a hacer, porque acá se acuerda no explotar el oro, no extraerlo, sacaron a la empresa que quería venir a trabajar al país, pero al fin y al cabo Tiquicia es tierra de nadie.
Acá han venido a saquear toda la riqueza que había y lo peor de todo es que ni siquiera queda entre la gente de la zona, mucho menos el país está viendo el beneficio de explotar.
Constantemente nos molesta que en Costa Rica no hay plata y nos llega el agua hasta el cuello, pero por ningún lado nos habíamos sentado a ver qué riquezas tenemos para salir adelante.
Para las personas que viven en esta zona será determinante que las autoridades entren con mano dura porque el daño ambiental es solo una de las problemáticas que las aquejan.
Lastimosamente los pobladores sufren el flagelo de las drogas, inseguridad ciudadana, explotación, violaciones y hasta prostitución. Aparentemente la administración anterior nunca se tomó en serio esto porque no pudo solucionarlo. A veces da la sensación de que ni siquiera lo intentó.
Ya es el momento de que se haga algo por proteger a los norteños, que estaban ilusionados cuando se habló de la explotación minera y todo lo bueno que les iba a traer, pero al final fueron promesas inconclusas y ahora tienen muchos más problemas que soluciones.