¿Y el cambio don Luis?

Desde hace casi tres semanas, aparejadas con la polémica salida del ministro de Presidencia, Melvin Jiménez, vinieron las palabras del señor presidente de la República, Luis Guillermo Solís, llamando a la calma,  prometiendo bisturí ante las inconsistencias y desaciertos, reconocidos por él mismo en sobradas ocasiones.

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Desde hace casi tres semanas, aparejadas con la polémica salida del ministro de Presidencia, Melvin Jiménez, vinieron las palabras del señor presidente de la República, Luis Guillermo Solís, llamando a la calma,  prometiendo bisturí ante las inconsistencias y desaciertos, reconocidos por él mismo en sobradas ocasiones.

 

Entonces el país entero conoció de primera mano que el mandatario haría un ajuste en el gabinete, habló de algunos despidos o solicitudes de renuncia, conversó también de reponer  a los ausentes con los mejores profesionales y aseguró que desde el comienzo de su administración tenía en mano las cartas de sus subalternos para dejar el gobierno de forma voluntaria en cuanto les fuera pedido.

 

Todo indicaba que Solís estaba dispuesto a quitarse de encima algunos funcionarios que no han ejecutado con acierto sus labores. Esos desatinos ha sido señalados por sindicatos, cámaras, organizaciones sociales y ciudadanos en general. Y en ese entendido el país estaba pendiente de la reestructuración que tanto anunciaron. 

 

Pasaron 15 días y de eso hablaba el presidente, pero además el nuevo ministro de la Presidencia Sergio Alfaro, al que según sus propias palabras le encomendaron analizar en pleno a los actuales miembros del gabinete, recomendar salidas y reforzar permanencias; estaba previsto buscar las personas adecuadas para suplantar a quienes ya no estaban. 

 

Después de Alfaro se anunció el nombramiento de Mauricio Herrera, como ministro de Comunicación, y así se iba configurando el esquema de cambio prometido por el máximo jerarca del Estado costarricense. 

 

Se dijo con firmeza que eran tiempos de cambio, que a un año de gestión del Partido Acción Ciudadana (PAC) casi que haría un recuento de daños y con ello el restablecimiento de la credibilidad y la confianza, misma que viene minada desde meses atrás.

 

Pero no, la noche del jueves, el último día de abril, en Casa Presidencial se anuncia con bombos y platillos el acto público de reforma del gabinete. 

 

La expectativa una vez más le ganó a la realidad. En palabras cortas y claras,  Luis Guillermo Solís solamente nombró a cinco funcionarios en plazas vacantes, el presidente del Instituto Nacional de Seguros (INS), ministro y viceministro de Telecomunicaciones, así como los ministros de Salud y de Turismo. Ahí resaltaron excelentes profesionales, con hojas de vida impresionantes,  con maestrías y posgrados en el extranjero, dedicados en su mayoría a la función pública. Está bien, pues los ciudadanos esperan lo mejor de lo mejor.

 

Luego Solís descartó sin menor reparo más movimiento, aseguró que su gabinete sigue como estaba. 

 

Fue entonces cuando el pueblo se sintió burlado, pues esas no fueron las sus palabras días atrás, dando un respiro a los elegidos tras algunas malas decisiones cuando arrancó la administración. 

 

La salida del ministro de Vivienda no se dio y eso levantó la voz de los grupos vinculados al sector, quienes consideran que la hoja de ruta de Rosendo Pujol tiene serias deficiencias, y su incapacidad para resolver no está permitiendo a las familias del país acceder a posibilidades de casa digna. 

 

¿Y la ministra de Cultura? Bueno, el presidente se ha empeñado en darle su voto de confianza aún en medio de la marea de  problemas, no solo de orden administrativo, sino ético y moral, acaecidos por la coordinación del FIA. 

 

¿Qué pasó con la ministra de Justicia, Cristina Jiménez? Recordemos que además de haberle rogado que no la sacaran del gabinete con un mes de gracia, se dio el lujo de irse a un viaje a Qatar y pedir  carro, guardaespaldas y hotel aparte. La misma a la que le quitaron la escolta pues no hubo tales amenazas en su contra como se dijo y que ha demostrado, según los expertos, incompetencia para hacer frente a una cartera tan convulsa pero tan importante.

 

Así como ellos tres hay otras piezas del gabinete que se mantienen en el anonimato, calentando silla, no se ven sus gestiones, no hay avance en esas instituciones; ni siquiera han recortado el charral de la finca,  según lo había anunciado.

 

Se entendió que no cederá a presiones, está bien no dar el brazo a torcer cuando otros partidos le hacen propuestas imprecisas o carente de ética.

 

Lo que sí debe  hacerse es un análisis minucioso de esos puestos y poner ahí a la gente capaz, no a los amigos, no a los buena gente. 

 

Usted se lo dijo a DIARIO EXTRA en la entrevista del año de gobierno, la inestabilidad en el gabinete tenía un costo político alto, pero esa factura será cada vez más elevada si no logran amalgamar un equipo de trabajo con sinergia, con una ruta certera, comprometido; que buena falta hace. 

 

Cerrarse a la posibilidad de mover a quienes  no le hacen ningún favor a la administración  no es una muestra de fortaleza y menos cuando en su discurso del 8 de mayo del 2014, en el cambio de poderes, fue claro en pedir que le hicieran ver los errores y usted con humildad los reconocería y corregiría. 

 

Nadie le pide que se estacione, que sea servil de otros abanderados, lo que los ciudadanos quieren es que sea congruente con sus palabras, con sus promesas, con las espectativas que ha generado durante todo este tiempo en favor del país. 

 

Aún le quedan tres años de mandato, después todos a la  casa y la vida continuá. Entonces su administración será un recuerdo del pasado, de usted depende  que ese recuerdo sea grato o ingrato.