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Actualmente, en el país se han identificado 263 organizaciones criminales, de acuerdo con análisis elaborados por la Dirección de Inteligencia y Análisis Criminal (DIAC) de la Fuerza Pública.
Este indicador técnico refleja la verdadera dimensión e intensidad que han alcanzado las redes delictivas en las diferentes comunidades de todo el país.
Dentro de este grupo, los informes policiales señalan que 60 de ellas mantienen una disputa armada y confrontación directa entre sí por el control de los territorios y operaciones ilícitas, según Raúl Rivera, director de la Fuerza Pública.
Asimismo, las investigaciones de inteligencia confirman la existencia de más de 3 mil personas integradas activamente a las distintas organizaciones criminales que operan en el suelo nacional.
“Antes, lo más peligroso que los criminales podían portar eran armas blancas; sin embargo, ahora ya hemos tenido que enfrentar el crimen organizado, no solo para asaltar están utilizando la extrema violencia, sino para muchas otras cosas más”, afirmó.
Esta constante disputa entre estructuras rivales se constituye en el principal detonante de la escalada de violencia homicida que afecta a la sociedad costarricense.
Rivera asegura que la presencia del crimen organizado provoca mayor violencia por parte de los integrantes de las bandas.
De la totalidad de homicidios contabilizados en el país hasta el momento, 387 casos (lo que representa más del 60%) son consecuencia directa de los enfrentamientos entre estas agrupaciones violentas.
“Es una realidad, porque ese estudio está hecho científicamente por analistas criminales de la Dirección de Inteligencia y Análisis Criminal de la Fuerza Pública”, aseguró.
El impacto de este fenómeno incide de manera muy preocupante en la población más joven.
Entre el 80% y el 90% de las personas involucradas en esta ola de violencia, tanto en calidad de víctimas como de ejecutores o sicarios, corresponden a muchachos menores de 25 años, ubicándose la franja de mayor riesgo entre los 15 y los 18 años.
“El 80 o 90% son muchachos menores de 25 años y un porcentaje muy alto entre los 15 y los 18. No solo están muriendo, sino que también son los que están matando, porque un porcentaje también muy grande son los que están ejecutando estas acciones de enfrentamientos”, agregó.