Violación en la Asamblea Legislativa

Primero fue un toqueteo en la pierna cuando la llevaba de su casa al trabajo por las mañanas, pues le quedaba de camino, luego le dijo que tenía que hacerle caso en todo y así llegó la invitación de tener sexo tanto en la oficina como en moteles y si no se dejaba la despedía, […]

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Primero fue un toqueteo en la pierna cuando la llevaba de su casa al trabajo por las mañanas, pues le quedaba de camino, luego le dijo que tenía que hacerle caso en todo y así llegó la invitación de tener sexo tanto en la oficina como en moteles y si no se dejaba la despedía, pues estaba interina. 

 

“Era jefa de hogar y solo tenía ese trabajo”, expresó. Por más de un año este fue el calvario que pasó una exsecretaria del actual director de Análisis Presupuestario de la Asamblea Legislativa, Ovidio Valerio. La señora está bajo identidad protegida, pues teme por su vida y la de su hija. Tras más de una hora conversó con DIARIO EXTRA.

 

¿Qué pasó?

 

– Yo entré a la Asamblea en 1999 y trabajé hasta el 2006 aproximadamente. Fui secretaria de él en 2002. Él desde un principio se portaba muy amable con la gente y les decía a todos “vamos a almorzar, vamos a tomar café”. Yo nueva ahí no sabía cuáles eran las reglas que él imponía. Siempre vi a todos sumisos y trabajando.

 

¿Cómo empezaron los toqueteos?

 

– Él cuando empezó a hacer amistad conmigo comenzó a recogerme de mi casa al trabajo. Me decía que era que le quedaba de camino.

 

¿Y los toqueteos?

 

– Una vez que íbamos hablando, dialogando, me puso la mano en la pierna. Yo en esa época usaba mucho blazer y enagua para trabajar. Le dije: “Quíteme esa mano de encima”.

 

¿Qué pasó después? ¿Cuándo empezó el sexo?

 

– Luego de eso las cosas cambiaron: tenía que esperarlo, tenía que irme con él, si él quería me dejaba en mi casa. El asunto empezó fuerte porque la mano de él me tocaba más y yo me alejé. Ahí fue cuando sacó las garras. Es agresor psicológico. Él con su poder amenazaba a todos que se iban a quedar sin trabajo. Un detalle es que no le duraban las secretarias.

 

¿Qué más pasó?

 

– Yo en esa época ganaba ¢170 mil por mes y era jefa de hogar con una hija.

 

¿Era su único sustento?

 

– Claro, no podía perder el trabajo.

 

¿Qué sucedió con esa presión?

 

– Yo tuve que acostarme con él.

 

¿Dónde tenían sexo?

 

– En la misma oficina de Presupuesto.

 

¿Cuándo lo hacían?

 

– Él me daba órdenes de quedarme tarde después del horario.

 

¿No en la hora del almuerzo?

 

– Siempre había que ir a almorzar con él, quisiéramos o no quisiéramos. 

 

¿Le hizo sexo oral?

 

– (Llora y se le corta la voz) Sí. Me obligaba a hacerle sexo oral en la oficina. Yo empecé a incapacitarme por todas las depresiones que me daban.

 

¿Lo hacían todos los días?

 

– No, pero mínimo una vez por semana.

 

¿Qué le decía?

 

– Yo le decía que no, que necesitaba trabajar, que me dejara en paz. Me llevaba a moteles también.

 

¿Fue agresivo?

 

– Solo amenazas. Me decía: “Tengo contactos”.

 

¿Le ofreció más plata?

 

– No, nada de eso.

 

¿Lo denunció? ¿Conversó con Gloria Valerín?

 

– Sí, fui primero con Rolando Alfaro, que estaba en el Directorio legislativo, pero a él siempre lo apoyaban, nada pasaba. Luego se vinieron los malos tratos y persecución a mi persona. No me apoyaron para salir del departamento donde estaba, solo gritos y malos tratos.

 

¿Cuando lo hacían planificaba?

 

– No, pero él se ponía condón.

 

¿Se enamoró de usted?

 

– No, él no se enamora de nadie, pues es su modo de operar. Muchas de la muchachas que estuvieron después de mí tuvieron que abandonar el departamento también. No sé qué pasó con ellas, yo me limito a narrar lo que yo sufrí, que fue algo denigrante y feo.

 

¿No quería hacerlo en la curul?

 

– Eso no, le fascina tener poder y control sobre la gente.

 

¿Cómo fue esa primera vez?

 

– Fue algo denigrante, sucio y horrible. Me sentí sucia y en una depresión. Yo vivía con mi tía y me decía: “¡Denúncielo!”, pero le decía: “No puedo, necesito el trabajo”. Luego sí la puse y doña Gloria Valerín me escuchó.

 

¿Quedó afectada?

 

– Claro, quedé sucia por dentro y le afecta el alma.

 

¿Es mentira decir que en la Asamblea no hay sexo?

 

– Eso pasa y se da porque yo lo viví. Pensé que era la única pero me di cuenta que otras mujeres que estuvieron en el mismo puesto tuvieron problemas.

 

¿Por qué salió de la Asamblea?

 

– Porque supuestamente perdí el examen de la comisión de nombramientos.

 

¿Nadie la vio teniendo sexo en la oficina con él?

 

– Un viernes por la tarde me dice: “Quédese cinco minutos antes de salir”. Yo les decía a los compañeros: “No me dejen sola”. Una compañera se devolvió a recoger algo, ella vio.

 

¿Lo llevó a su casa?

 

– No, nunca.

 

¿La llevó a la casa de él?

 

– No, para nada. Lo que hacía era que llevaba a la esposa a la oficina. Era cuando más mal me trataba. 

 

¿Qué pasaba cuando usted se negaba a darle sexo?

 

– Llegaba a la casa a tirarme la puerta. Me obligaba, tenía que exigirme estar con él a las 2 o 3 de la madrugada. Mi tía salía y lo amenazaba con llamar a la policía. 

 

¿Tiene algún tatuaje?

 

– No me acuerdo, es de piel morena. Nada de tatuajes.

 

¿Tomaba?

 

– Sí, le gustaba tomar y tener sexo, pero no siempre.

 

¿Bien dotado?

 

– No, para nada. Es más, tenía problemas de erección.

 

¿Viagra?

 

– No sé si la usaba. Para uno mujer que no ama a un hombre y que no desea estar con esa persona por amor, sino por humillación, jamas será bonito.

 

Dirán que todo es falso, que usted se le ponía y es fácil. ¿Qué piensa de eso?

 

– A mi tía la tengo de testigo de cuántas veces ese hombre llegaba a buscarme a la casa. Yo me le escondía. No había respeto ni cariño, es puro abuso. En esos tiempos Presupuesto estaba como en un segundo piso. 

 

¿Se lo ha topado?

 

– No, para nada, y de hecho me estuvo persiguiendo cuando me pasaron al Directorio. Gracias a doña Gloria Valerín y Mario Redondo me pasaron de departamento. 

 

¿Por qué 10 años después usted sale a la luz pública?

 

– Porque a una funcionaria, una secretaria, le pasa lo mismo. Ahora lo acusaron de acoso laboral y veo que la justicia de Dios existe. Todos fueron a hablar con doña Gloria.

 

¿Sospecha que le pasó lo mismo que a usted?

 

– Es una muchacha joven y siento que le pasa lo mismo que a mí.

 

¿Lo volvió a ver?

 

– Claro. Hace dos meses en la comisión investigadora en la Asamblea Legislativa. Todo lo que le estoy contando está ahí y consta en actas. Doña Gloria no estaba, pero ella conoce mi caso. Yo hablé para ayudar a esta muchacha: la esperaba en la universidad, la celaba, la esperaba para llevarla al trabajo.

 

¿Es Sodoma y Gomorra la Asamblea?

 

– En mi caso solo fue con él, con otros jefes no me pasó nada.

 

¿Lo odia?

 

– Le tengo miedo.

 

¿Qué les dice a las mujeres?

 

– A las mujeres les digo que no se queden calladas. Tienen que denunciar.