
La obesidad es un problema global, generalizado, de grandes proporciones, pues antes se consideraba que era un problema de países ricos, pero ahora es un problema de todos los países.
Prácticamente todas las familias tienen en su grupo familiar a una persona obesa, pero llama mucho la atención que los niños y adolescentes obesos, entre 5 y 19 años, han multiplicado las cifras en los últimos cuatro decenios.
La obesidad se comporta como un “círculo vicioso”, porque, entre más comemos, más pereza nos da movernos, si no nos movemos, nos cuesta más conciliar el sueño, y, cuando el sueño no es bueno, se come más y se aumenta peso, cada exceso de peso dificulta el movimiento y aumenta el riesgo de lesiones. Imagínense que, con solo comer 50 kcal extra por día equivale aproximadamente a dos kilos por año extra de peso. En diez años, 10 kilos extra, y así sucesivamente. Ahora, con la pandemia, cantidades semejantes se han subido en término de 6 meses.
¿Pero qué sucedió? Si los alimentos son fuente de vida y todos necesitamos energía para crecer, reparar, y para mantenernos saludables, en qué momento el exceso en el consumo de alimentos aumentó los depósitos de grasas hasta alcanzar niveles de obesidad.
Muchas variables pueden estar implicadas: el estilo de vida, la edad, el sexo, el peso, la estatura y el nivel de actividad física, que es el componente más variable del gasto energético diario. Esto significa que tenemos la oportunidad de aumentar el gasto energético aumentando el gasto por ejercicio, o sea, movimientos que se realicen de forma voluntaria diariamente, lo cual incluye desde el ejercicio programado, hasta las actividades de la vida diaria.
RECOMENDACIONES PARA AUMENTAR EL GASTO POR ACTIVIDAD FÍSICA
• Ejercicio programado que se planifica, con horas, intensidad, generalmente es progresivo, logrando grandes mejorías en la composición corporal.
• Actividades recreativas: se refiere a juegos divertidos, como juegos de mesa con poco gasto energético, armar rompecabezas y jugar naipe, hasta actividades que involucren más gasto energético como jugar escondido, hacer obras de teatro, sembrar, hacer el jardín, pintar la casa, acomodar closets, lavar el carro, limpiar vidrios, entre otros.
• Movimientos de la vida diaria: limpiar la casa, hacer mandados, cuidar niños, cocinar, limpiar la refrigeradora, sacar la basura, sacudir, barrer y limpiar el piso.
Cuando la persona con obesidad inicia un programa de ejercicios, puede sentir que no lo hace bien, que se cansa con facilidad, que le falta entusiasmo y hasta siente temor de ganarse una lesión. Por eso, hay que hacer ejercicios en superficies seguras y bajo condiciones óptimas, preferiblemente con la guía de un profesional. El asunto es empezar pronto y de manera constante, tratando de aprovechar los grandes beneficios que tiene el ejercicio para controlar el apetito y disminuir los trastornos de ansiedad.
Cabe tomar en cuenta que no todas las personas pierden peso con la misma facilidad, principalmente por el estrés y la llamada “ingesta emocional”, que se caracteriza porque la persona come como una manera de suprimir o atenuar emociones negativas como la ira, el miedo, el aburrimiento, la tristeza y la soledad. Además, los alimentos que más combaten el estrés y contribuyen con la salud emocional son ampliamente reconocidos: los pigmentos de las frutas y ensaladas, la vitamina C, la fibra de las leguminosas, el yogur y una buena ingesta de agua. Lastimosamente, en obesidad, estos alimentos generalmente no están invitados a la mesa.
En época de pandemia, el miedo al contagio hace que pasemos más tiempo “encerrados” frente a un televisor, a una computadora, o con el celular. Esta cotidianidad pasa su factura, y no solo casi no nos movemos, sino que nos vemos tentados a comer de más, principalmente cuando hay promociones de comida alta en grasa.
EL MEJOR PROGRAMA CONTRA LA OBESIDAD
Se basa en tres componentes: nutrición equilibrada con ingesta reducida, un programa de ejercicios y la modificación de la conducta.
Cada persona come diferente, pero en general se puede empezar consumiendo diariamente más de 400 gramos de alimentos crudos, distribuido en cinco veces al día. También es importante iniciar cada tiempo de comida con alimentos crudos como frutas o ensaladas. Otro consejo consiste en evitar el exceso de proteínas de origen animal e incorporar diariamente las leguminosas, como lo frijoles. Tomar diariamente un vaso de yogur o leche agria ayuda mucho a contrarrestar los problemas digestivos. Incluir agua en vez de frescos azucarados ayuda a la mayoría a controlar la compulsión a comer. Por último, concientizar sobre las ventajas de la “comida lenta, sobre la comida rápida”, fortalece el proceso.
TOME DECISIONES ACERTADAS PARA INICIAR EL EJERCICIO
Si ya aumentó de peso, no aumente más. Si la grasa está centralizada en el abdomen, tómelo en cuenta: inicie con ejercicios que le sean fáciles, preferiblemente conocidos, utilice ropa y tenis cómodas. Busque recursos para aumentar la adherencia: hora adecuada, música, compañía, vaya satisfecho, sin hambre, también puede sacar a pasear a la mascota.
El ejercicio aeróbico favorece la pérdida de peso y es de gran ayuda para controlar la ansiedad por comer de más. Una forma sencilla de saber que el ejercicio protege al corazón consiste en respirar cómodamente, sin agitarse. Los programas de pesas también son muy útiles para mantener la masa corporal magra y favorecer la pérdida de peso.
Como último consejo para evitar efecto rebote, comparta su esfuerzo con otras personas, escriba lo que come y la cantidad de ejercicio que realiza semanalmente y felicítese por los pequeños logros, que, al cabo del tiempo, le harán perder los kilos de más.
*Colegio de Profesionales en Nutrición