Vecinos convierten zonas de riesgo en espacios de esperanza

Proyecto transforma espacios públicos de Monte Alto y beneficia a más de 17 mil personas

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Durante años, algunos espacios de Monte Alto, en Concepción de Alajuelita, fueron relacionados con basura, consumo de drogas, abandono e inseguridad. Hoy, esos mismos lugares tienen una nueva historia: Son parques y zonas de encuentro donde niñas, niños, personas adultas mayores y familias pueden caminar, jugar, hacer ejercicio y compartir.

Foto: Randall Sandoval.

La transformación es parte del Proyecto Urbano Integral Monte Alto, que busca beneficiar a cerca de 17 mil personas mediante la recuperación de espacios públicos y la creación de entornos más accesibles, seguros y sostenibles.

Foto: Randall Sandoval.

Un sueño que comenzó desde la comunidad

Uno de los principales símbolos de este cambio es el Parque Esperanza, un terreno que durante años permaneció en condiciones de abandono. Ileana Alfaro, líder comunal y vecina de Monte Alto desde hace más de cuatro décadas, recuerda que el sitio llegó a convertirse en un botadero de basura y un lugar donde se realizaban actividades que afectaban la seguridad de la comunidad.

Inauguración del Parque. Foto: Randall Sandoval.

Para ella, recuperar el terreno parecía inicialmente un sueño difícil de alcanzar, pero la unión entre vecinos, instituciones y organizaciones permitió hacerlo realidad.

“Era un sueño, realmente lo es. Comenzó allá en el Parque Colibrí, que antes se llamaba Parque del Bingo porque ahí se hacían bingos. Este lote, donde hoy está el Parque Esperanza, era un completo basurero, un lugar totalmente abandonado y lleno de maleza. Era un botadero de todo tipo de cosas y también un sitio donde llegaban personas a vivir y había consumo de drogas. Era un espacio que no servía para la comunidad”.

Foto: Randall Sandoval.

“Antes era como decir: ‘Es imposible que hagan nada ahí’. Decían que eso no servía para nada. Por eso era un sueño y por eso se llamó Esperanza. Yo tenía la esperanza de que sí se podía. Si nos unimos como comunidad, con instituciones que quieren invertir y con la municipalidad, podemos hacerlo. La unión hace la fuerza”, relató Alfaro.

Foto: Randall Sandoval.

La líder comunal asegura que el cambio también ha modificado la manera en que los habitantes ven su propio barrio. Ahora, el espacio que antes se evitaba se convirtió en un punto de encuentro para las familias.

“Yo amo este lugar. Amo Monte Alto y toda la comunidad. Y ahora esto es un inicio muy grande, porque poco a poco las cosas pueden cambiar. Cuando veo a esos niños y todo esto, sé que nuestra cultura y nuestro pensamiento van a cambiar. Eso es esperanza”, expresó.

Foto: Randall Sandoval.

Niños y adultos mayores vuelven a disfrutar

Vanessa Castillo, vecina de Monte Alto y habitante de la comunidad durante toda su vida, también recuerda cómo era el terreno antes de la intervención. Según contó, el lugar era un potrero abandonado donde se acumulaba basura y se presentaban situaciones relacionadas con el consumo de drogas.

Foto: Randall Sandoval.

Ahora, el cambio le permite disfrutar el espacio junto a su familia, especialmente junto a su hijo Saúl y los demás niños de la comunidad. 

“Significa mucho, porque los niños van creciendo y necesitan espacios para recrearse y no tener que buscar otros lugares lejos de la casa. Aquí nos queda cerca y podemos venir en las tardes, disfrutar con ellos y compartir. Los niños son los que más aprovechan el parque. Es para ellos, para que lo disfruten. Como familia también venimos y lo disfrutamos; aquí hacemos picnic y compartimos con nuestros hijos”, comentó Castillo.

Foto: Randall Sandoval.

La vecina espera que la recuperación también genere un compromiso entre los habitantes para conservar las mejoras y mantener el parque como un sitio seguro.

“Esperamos que todos pongan un poquito de su parte para cuidarlo. Si vemos que vienen a hacer cosas malas o a tirar basura, tenemos que decirle a la gente que el parque está para cuidarlo. Esperamos que la gente nos apoye y que el mismo barrio se organice para hacer actividades con los niños”, afirmó.

Foto: Randall Sandoval.

El impacto también alcanza a las personas adultas mayores. María Alicia Umaña Vargas, quien llegó a Monte Alto cuando tenía apenas seis años, y hoy tiene 60 años, asegura que ahora puede acudir al parque con su nieta de cinco años y disfrutar de un espacio seguro.

Foto: Randall Sandoval.

“Estos lugares eran más que nada basureros y sitios de consumo. Por eso me encanta lo que hicieron, porque ahora, con mi edad y mi discapacidad, puedo venir con mi nieta de cinco años, ir al play, caminar y estar segura”, relató.

Foto: Randall Sandoval.

“Los niños se conocen, porque ahora casi todos los niños viven encerrados por las situaciones que hay. Entonces, si ven a una mamá o a una abuelita en el parque, ya dicen: ‘Sí, llévelos’. Así otros se animan y salen, salen a jugar, cuando antes ya no salían. Antes estaban encerraditos. Yo hasta los regaño como abuelita. Les digo: ‘Esto es de ustedes’. Y mío también, les digo. Esto no es un pedazo cualquiera, esto se cuida”. 

Foto: Randall Sandoval.

Más que infraestructura, una nueva forma de convivir

La intervención incluyó la recuperación de parques y espacios públicos, senderos y conexiones peatonales, además de aceras accesibles, mobiliario urbano, vegetación nativa e infraestructura verde.

Foto: Randall Sandoval.

En total, se instalaron 17 dispositivos de mobiliario urbano, se construyeron 400 metros cuadrados de aceras accesibles y se mejoraron 1.100 metros cuadrados de infraestructura vial.

Foto: Randall Sandoval.

Pero para los vecinos, el principal resultado no se mide únicamente en metros cuadrados, sino en las personas que ahora utilizan estos lugares.

“Tenemos que colaborar, porque si no se cuida el espacio, vienen a hacer daño. Tenemos que quedarnos todos y cuidar estos lugares”, señaló Umaña.

Foto: Randall Sandoval.

La alcaldesa de Alajuelita, Rosario Siles, también destacó la importancia de que la comunidad se apropie de los espacios recuperados y les dé continuidad.

“Esperamos que impacte, pero que ellos también se empoderen de este espacio, que lo cuiden, que lo protejan, que lo defiendan”, manifestó.

Foto: Randall Sandoval.

El proyecto contempla una inversión total de 204 mil dólares, equivalente a más de ¢90 millones de colones, y busca convertirse en un modelo que pueda replicarse en otros barrios de Alajuelita.

Foto: Randall Sandoval.

La iniciativa fue posible gracias al trabajo conjunto de la Municipalidad de Alajuelita, Fundación CRUSA y Fundación Yamuni Tabush, además del acompañamiento técnico de la Fundación Centro para la Sostenibilidad Urbana (CPSU) y YUSO Diseño en Colectivo. 

La palabra esperanza tomó un significado especial para los vecinos de Monte Alto. Para ellos, este parque representa la posibilidad de recuperar espacios que durante años estuvieron abandonados y convertirlos en lugares donde las familias puedan sentirse seguras, compartir y disfrutar.

Foto: Randall Sandoval.

Vanessa Castillo resume ese sentimiento al hablar de lo que espera para los niños de la comunidad. “Nuestros niños tienen que crecer con espacios recreativos y tener una esperanza para así recrearse y disfrutar”. 

Para María Alicia Umaña, el cambio también representa la oportunidad de que las nuevas generaciones vuelvan a salir, jugar y convivir en su propio barrio. “Esperanza significa que vienen cosas mejores, que son espacios recreativos muy bonitos y que cambian los lugares. Es saber que puede haber un cambio”.

Foto: Randall Sandoval.

Ileana Alfaro, quien durante años impulsó la recuperación de estos espacios, considera que lo ocurrido en Monte Alto demuestra que un barrio sí puede cambiar cuando sus habitantes se unen. “Cuando veo a esos niños y todo esto, sé que nuestra cultura y nuestro pensamiento van a cambiar. Esto es esperanza”.