
Costa Rica encontró en Valentina Maurel una forma de volver a verse en la pantalla más importante del cine mundial.
En medio del brillo, la presión y la magnitud del Festival de Cannes 2026, el país apareció nuevamente en la conversación del cine internacional gracias a una directora que ha construido su carrera desde la sensibilidad, la memoria y una mirada muy personal sobre sus raíces.
La cineasta costarricense destacó en esta edición del festival con la producción nacional “Siempre soy tu animal materno”, seleccionada en la sección Un Certain Regard, uno de los espacios más influyentes para el cine de autor contemporáneo.
Sin embargo, más allá de la película en competencia, su presencia en Cannes volvió a poner en primer plano su recorrido artístico y el vínculo constante que mantiene con Costa Rica, incluso desde la distancia.
“Nadie del equipo la había visto en pantalla grande. La descubrimos ahí, con mil personas en la sala, el jurado y el director del festival presentes. Fue muy abrumador y conmovedor”, recordó.
Aunque ya había participado en Cannes con cortometrajes, la directora explicó que el salto a un largometraje cambia por completo la dinámica: más exposición, más entrevistas y un entorno mucho más exigente.
“Uno llega con una película hecha en Costa Rica, con un equipo pequeño, y de pronto está en un festival muy glamoroso”, señaló.
En ese contraste entre lo íntimo y lo global, Maurel ha mantenido una identidad muy clara como cineasta.
Su trabajo se caracteriza por una mirada cercana a lo emocional, a las relaciones familiares y a los territorios que la formaron, especialmente San José y los espacios cotidianos de su infancia.
“La película no es autobiográfica, pero sí lo es el lugar donde decidí filmarla. Es el lugar donde descubrí el mundo”, explicó, al referirse a las locaciones en Zapote y otros puntos de la capital.
“Quería enseñar otra dimensión de Costa Rica”, afirmó.
En Cannes, esa mirada despertó interés en la industria internacional, donde el cine costarricense empieza a ganar mayor visibilidad.
“No sentimos que veníamos de la nada. Para los presentes había una curiosidad real sobre cómo es el cine en Costa Rica”, dijo.
