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“Es realmente cruel que existan categorías de cocineras, porque las que están bajo el mando del Ministerio sí reciben religiosamente su salario, al igual que el otro personal de los colegios y escuelas, sin embargo, las que están bajo el mando de las Juntas de Educación están a la suerte de que les toque un buen equipo de trabajo que sí les pague y que lleven un orden con el dinero”.
Cuando éramos niños e íbamos a la escuela, escuchábamos una o dos veces por semana la frase que nos sonaba a gloria. Una conserje se asomaba por la puerta y le decía a la niña: “Páselos al comedor”.
Entonces todos en fila india nos trasladábamos hasta ese lugar, donde el personal se encargaba de chinearnos.
Cuando eso sucedía, más de uno iba haciéndole números a qué iban a dar, pues el menú variaba según la hora. Por la mañana tocaba gallito de queso o de jamón con tortilla y fresco natural; por la tarde la cosa era un poco más sustanciosa, estaba el preferido caldito de frijol con huevo y un guineo o los macarrones con atún.
Si era una fecha especial, nos daban el típico arroz con pollo que todo mundo asocia con las fiestas.
Quienes rondan los 30 recuerdan esos momentos con gran cariño, pues muchos golosos llenaban ese huequillo que les había quedado en el estómago, ya que la merienda de la casa fue insuficiente.
Aunque no podemos negar que para algunos compañeros este platillo era el único que llevaban en la pancita todo el día.
Este escenario se sigue dando en la actualidad, muchos niños la única comida que hacen en el día es la que reciben en el comedor del centro educativo al que asisten.
Por eso seguimos sin entender, si es un servicio tan importante para la niñez, cómo es posible que el Ministerio de Educación Pública (MEP) le tenga amarrado el perro a las cocineras de los comedores.
Esto en especial ahora que se acerca la entrada a clases, qué va a pasar en los centros educativos donde las cocineras tienen meses de no recibir salario o hasta les tienen atrasado el aguinaldo.
Como se les va a obligar a ir a estas mujeres a trabajar con todo lo que se les adeuda, quién va a tener cara para decirles que a fuerza deben llegar si muchas ni tan siquiera tienen el dinero para trasladarse.
Precisamente para analizar la situación que están viviendo las cocineras, el Sindicato de Trabajadores de Comedores Escolares y Afines se reunió con el fin de buscar una solución, porque es injusto que el MEP afirme que sí se tiene la plata para pagar, pero le echan el churuco a las Juntas de Educación, lo que a todas luces es injusto con estas trabajadoras.
Es realmente cruel que existan categorías de cocineras, porque las que están bajo el mando del Ministerio sí reciben religiosamente su salario, al igual que el otro personal de los colegios y escuelas, sin embargo, las que están bajo el mando de las Juntas de Educación están a la suerte de que les toque un buen equipo de trabajo que sí les pague y que lleven un orden con el dinero.
Lo otro es el juguete con el monto del dinero que van a tener de salario, no puede ser que cuando ofrezcan el trabajo indiquen que la paga es de ¢350 mil menos los rebajos y que cuando van de camino se los rebajen a ¢297 mil más los rebajos de las cargas sociales.
Nos ponemos a pensar dónde queda el dinero de diferencia entre el salario inicial y el otro salario, ¿será que se lo dejan quienes están a cargo de la junta?, ¿será que el Ministerio les redujo el monto que les da? Las preguntas están sin respuesta y lo peor es que las familias de estas cocineras ahora tienen menos dinero para vivir y nadie les da una respuesta certera.
Por el bienestar de los menores de edad que asisten a los centros educativos, por las cocineras y sus familias, es momento de que alguien ponga orden en lo que sucede con los comedores escolares.
Si bien no es obligación del Estado alimentar a nadie, no es posible que jueguen con el hambre de los pequeños de la casa, quienes además de estudiar van por ese platito de comida que les ayuda a paliar la carencia que sienten en sus pancitas.