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Alguien a quien quiero mucho vive gracias a que, en su pecho, late el corazón de una persona a la que nunca conoció. Así de misteriosa puede ser la vida: un cruce casi milagroso entre quien parte y quien estaba a punto de irse también, porque su corazón ya no resistía más. Un encuentro invisible entre la generosidad y la esperanza. ¿Alguna vez se ha preguntado si conoce a alguien que lleva dentro un pedacito de alguien que ya no está?
Cada año, miles de personas en el mundo esperan con angustia la llegada de un órgano que les permita seguir viviendo. La Organización Mundial de la Salud estima que, por cada persona que logra un trasplante, decenas siguen esperando. Y cada día, muchas de esas esperas terminan en silencio, porque el órgano nunca llegó.
En 2025, Costa Rica está escribiendo una historia alentadora. En apenas cinco meses, ya se han realizado 57 trasplantes de órganos, una cifra que supera ampliamente los 32 registrados durante todo el 2024, gracias a un aumento del 130 % en el número de donantes. Detrás de cada uno de esos trasplantes hay una vida que pudo seguir adelante y una familia que, en medio del duelo, tuvo el coraje de decir sí. Estos logros no son casualidad; son fruto del fortalecimiento de los procesos de identificación y coordinación, del compromiso solidario de quienes donan, y del incansable trabajo en equipo del personal médico costarricense.
Donar es mucho más que un acto médico. Es una decisión profundamente humana. Es una madre que, en medio del dolor, elige dar esperanza. Es un hermano que transforma la pérdida en consuelo. Es una sociedad que entiende que, incluso en la muerte, se puede elegir dar vida.
Y también es una nueva oportunidad para quienes esperan. Personas que, hasta ayer, vivían conectadas a una máquina o limitadas por una enfermedad crónica, y que de pronto pueden volver a respirar, a correr, a abrazar.
Un solo donante puede cambiar el destino de muchas personas: puede salvar hasta siete vidas y mejorar la calidad de vida de más de cincuenta. Detrás de cada trasplante hay una nueva oportunidad gracias a órganos como el corazón, los pulmones, los riñones o el hígado, y también gracias a tejidos como las córneas, la piel, los huesos o las válvulas cardíacas. En Costa Rica, hay más de 1.600 personas que esperan con esperanza que esa oportunidad les llegue.
Cada junio se conmemora la Semana Nacional de Donación de Órganos y Tejidos, una ocasión para reflexionar sobre el valor de ese acto que trasciende la muerte. Cualquier persona mayor de edad puede expresar su voluntad de ser donante a través del EDUS. Pero más allá del registro, lo esencial es hablarlo, decirlo en vida, compartirlo con la familia, dejar claro ese deseo de ayudar, para que, si llega el momento, no queden dudas.
Quizás no sabemos si nos tocará la necesidad de recibir o la grandeza de donar. Pero lo que sí podemos dejar claro hoy es que, cuando vayamos de salida, no queremos llevarnos nada, porque somos tanto que preferimos dejarlo todo a quienes lo puedan aprovechar.
La utopía de hoy: una sociedad en la que donar nos permita vivir dos veces.