Urge no escatimar esfuerzos para mejorar la gestión integral de residuos en el país

El país reporta 45.723 toneladas métricas de residuos valorizables recolectados al año

Adultos mayores de Isla Venado recibieron atención especializada y educación en salud. Foto: cortesía CCSS.

Una de las cartas de presentación más sólidas que tenemos como país es nuestra imagen de país verde, la cual se ha construido durante décadas sobre pilares sólidos: el desarrollo de políticas públicas; una creciente conciencia ambiental de las nuevas generaciones y la articulación de diversos actores como el sector turismo, los gobiernos locales y los ministerios de Salud y Ambiente, entre otros.

Sin embargo, y de manera contrastante, también somos un país que genera miles de toneladas de residuos ordinarios cada día, mientras la recuperación efectiva de materiales sigue siendo baja.

De acuerdo con el informe del Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), denominado Indicadores de cantonales de gestión integral de residuos 2023-2024, si bien 82 gobiernos locales ofrecen recolección diferenciada, la recuperación de materiales valorizables sigue siendo limitada: el país reporta 45.723 toneladas métricas de residuos valorizables recolectados al año, frente a 1.298.574 toneladas métricas de residuos ordinarios recolectados en el mismo periodo. Esto representa apenas alrededor de 3,5% de recuperación en relación con los residuos ordinarios recolectados.

Estas cifras evidencian la urgencia de que no se escatimen esfuerzos para mejorar la gestión integral de residuos. Es ahí, justamente, donde el rol de las empresas, como parte del ecosistema nacional, se vuelve esencial. Por eso, desde UCIMED reconocemos que nuestras operaciones generan impactos ambientales y sociales, y que una gestión responsable implica revisar los procesos derivados de nuestra operación para brindar soluciones concretas y efectivas.

Si bien la universidad realiza una gestión responsable de los residuos valorizables, fuimos más allá y nos preguntamos cómo mitigar la huella de una de las estrategias más visibles de nuestra gestión: las vallas publicitarias de carretera.

Nuestra respuesta fue convertir ese residuo en una oportunidad. En lugar de desechar las lonas, las transformamos en bolsos y productos funcionales que pueden seguir siendo utilizados en actividades institucionales, ferias nacionales e internacionales. El proyecto se sustenta en dos dimensiones complementarias: la ambiental y la social.

El enfoque ambiental es claro y se vincula con principios de economía circular, al transformar materiales en productos funcionales, reutilizables y con nuevo valor. Si estos materiales no encuentran una nueva posibilidad de uso, su destino más probable es la disposición final en rellenos sanitarios.

Este es precisamente uno de los principios centrales de la circularidad: mantener los materiales en uso durante más tiempo, evitar que se conviertan prematuramente en residuos y repensar la forma en que las organizaciones consumen, descartan y gestionan sus recursos. El valor de esta iniciativa no es solo ambiental, pues también integra una perspectiva social al coadyuvar con la economía familiar de un emprendimiento local.

Si las empresas y organizaciones revisan su quehacer, pueden plantear soluciones creativas e innovadoras para contribuir de manera significativa a un problema colectivo. Asimismo, el aporte va más allá de evitar que estos residuos llegue a rellenos sanitarios; se trata también de inspirar a otros actores para que repiensen sus procesos y planteen nuevas formas de gestionar su impacto ambiental.

Recordemos que la innovación también se encuentra en pequeños esfuerzos, porque la circularidad, más que una tendencia, nos reta a mirar de forma distinta aquello que antes parecía desecho o desperdicio. Nos invita a reconocer que muchos materiales aún pueden tener valor, y que gestionarlos mejor puede convertirse en una oportunidad concreta para el ambiente, para las organizaciones y para las personas.