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Al menos 1.260 casos por año atiende la Unidad Canina del Organismo de Investigación Judicial (OIJ); cifras que aumentaron, pues en 2017 intervinieron en un promedio de 700 intervenciones anuales.
Dicho incremento responde tanto al auge del crimen organizado como al reconocimiento creciente de la eficacia operativa de los perros entrenados.
“La criminalidad es más violenta y compleja, y los canes se han convertido en herramientas esenciales para dar con indicios clave”, explicó Alejandro Castillo Cerdas, jefe de la unidad, con 29 años de experiencia en el área.
Con 30 años de existencia, esta unidad se ha consolidado como un pilar técnico-científico en las investigaciones criminales más complejas del país.
Los perros del OIJ están entrenados para detectar una amplia gama de indicios forenses, como drogas ilícitas (marihuana, cocaína, heroína, metanfetaminas), hidrocarburos útiles en investigaciones de incendios provocados y sangre latente, es decir, no visible a simple vista.
Además, participan con eficiencia en casos para olfatear armas de fuego y evidencia balística, así como restos humanos o personas desaparecidas.
En muchas escenas, la intervención de la unidad implica el despliegue de tres o más especialidades caninas en simultáneo, como en casos de homicidios vinculados al narcotráfico.
Tecnología y ahorro de recursos
Uno de los avances más significativos ha sido la implementación de perros para detección de sangre latente, en coordinación con un equipo multidisciplinario de criminalistas, biólogos y guías especializados.
Anteriormente, estas búsquedas requerían cubrir con luminol amplias zonas de una vivienda. Hoy, gracias al olfato de los perros, se puede identificar el punto exacto y reducir el uso de reactivos, tiempo operativo y personal.
“Se trata de una pericia científica pionera a nivel mundial, que ha llamado la atención de policías en países como Estados Unidos, Colombia y Argentina”, destacó Johana Jiménez Céspedes, guía e instructora canina.
La implementación de esta técnica ha sido respaldada por la Oficina Internacional de Asistencia Antinarcóticos y Cumplimiento de la Ley (INL, por sus siglas en inglés), que incluso donó un edificio especializado para estas pericias.
El cuidado de los canes
• Se aplica el sistema “cuatro en uno”, que permite entrenarlos en varios olores a la vez, acortando el tiempo de preparación a solo mes y medio.
• Sesiones breves y efectivas: Cada perro trabaja un máximo de 20 minutos por sesión, únicamente en condiciones ideales de temperatura y ventilación.
• Entre cada intervención, los canes descansan en vehículos adaptados con aire acondicionado o en zonas frescas.
• Alimentación, hidratación y salud: Los guías llevan siempre agua disponible, monitorean el estado físico de cada animal y detectan cualquier signo de fatiga o malestar.
• Todos los vehículos de la unidad están modificados para transportar a los perros de forma individual, segura y cómoda.
Jubilación con dignidad
Los perros retirados son adoptados únicamente por personal judicial. Se les realiza un proceso de desprogramación para que puedan llevar una vida tranquila fuera del entorno policial.
“Ningún perro que trabajó para Costa Rica merece ser abandonado. Nos aseguramos de que tengan una familia y un seguimiento adecuado”, subrayó el jefe de la unidad.
Entrenamiento y bienestar animal
Los canes comienzan su entrenamiento desde los cuatro meses y se retiran a los siete años. Cada uno es preparado bajo un método intensivo que les permite aprender múltiples olores en menor tiempo, gracias a técnicas como el sistema “cuatro en uno” y el “marcaje de lapa”, este último capaz de señalar con precisión milimétrica el punto de hallazgo.
El trabajo canino se limita a sesiones de hasta 20 minutos en condiciones ideales, con tiempos de recuperación controlados, hidratación constante y vehículos acondicionados con aire.
“Son seres vivos que nos dan alegría y resultados. Merecen el mayor respeto y cuidado”, agregó Castillo.
