Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Las secciones de sucesos nunca han sido mis favoritas en los noticieros, pero no puedo dejar de lado que hace unas semanas me abrumaron los femicidios. Primero nos dimos cuenta de que a Maritza de 25 años, que estaba embarazada, le quitaron la vida y arrojaron su cuerpo al río Platanar en San Carlos; con 26 años Rita fue víctima de agresiones mortales con un tubo metálico en Golfito y a Mariana, de 36 años, la degollaron y quemaron su cuerpo en Liberia. A las tres las mató su pareja, pero las feministas ¡somos unas exageradas! Las mujeres en Costa Rica viven bien.
Claro, los avances de las luchas feministas son palpables, pero todavía hay un largo camino por recorrer. El 8 de marzo las mujeres marchamos en San José, conmemorando el Día Internacional de la Mujer. Como participante caminé con entusiasmo al lado de mis compañeras de la Asociación Ciudadana Acceder, como observadora pude ver cómo nuevamente esta fecha reúne mujeres de todas las edades: niñas, adolescentes, adultas y adultas mayores. Hijas, madres, hermanas, amigas… Como nunca antes, en medio del contexto electoral, tuvimos miedo, miedo a los odios atizados y las personas intolerantes que se cobijan con religión para irrespetar a los demás, pero igualmente íbamos preparadas para reaccionar porque si nos tocan a una, ¡nos tocan a todas!
Este año, nuestros corazones vibraban al calor de las consignas entre mantas, carteles y una noche hermosa. Tambores, performance, maquillaje y música nos acompañaron en el recorrido, se me hizo inevitable recordar a mis abuelas que apenas sabían leer y escribir, porque a corta edad habían tenido que dejar sus estudios para ocuparse de las labores domésticas, atender a los hombres de su familia, porque eso era lo que tenía que hacer una buena mujer.
Hoy las mujeres en Costa Rica somos más educadas, tenemos mayores posibilidades para estudiar y porcentualmente somos más las mujeres que concluimos los programas de educación universitaria. Pero el mercado laboral nos sigue excluyendo y continuamos ganando menos aún con mayor preparación. El Estado de la Nación también ha señalado cómo en cuatro años no ha cambiado significativamente la tasa neta de participación laboral femenina y para 2017, apenas el 47,3% de las mujeres de 15 años o más tiene trabajo o lo está buscando.
En Costa Rica, el femicidio está tipificado en la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres y se entiende como la peor forma de violencia, producto de una ola que crece paulatinamente en una relación desigual con su pareja y finalmente como producto de un episodio explosivo, es asesinada por su condición de mujer a manos de su pareja o expareja o de otro hombre con quien tuvo o no una relación de pareja.
Como Maritza, Mariana y Rita, en Costa Rica del 2007 al 31 de diciembre de 2016, hubo un total de 287 femicidios. En 2017, hubo 58 homicidios contra mujeres de los que 26 se clasificaron como femicidio, lo que indica un poco más de dos al mes, según estadísticas del Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia del Poder Judicial. El último corte de estas estadísticas fue el 8 de febrero y ya habían reportados 8 homicidios contra mujeres.
Entonces ¿por qué parece ser más importante el hecho de que unas cuantas personas hayan pintado con pintura en spray los templos católicos en San José? ¿Por qué no mencionaron que otros edificios también fueron pintados? Usted me dirá que lo importante es el patrimonio histórico y los bienes demaniales, pero me encantaría ver el mismo entusiasmo cuando contaminan fuentes de agua, talan árboles de forma ilegal, cazan animales o invaden algún parque nacional.
Las paredes son eso, objetos ¿objetos con contenido simbólico? Por supuesto, en este caso, pero ¿las mujeres qué somos? Personas. No hay nada en la esfera jurídica que sea más valioso que una persona y aunque por mucho tiempo a las mujeres se nos consideró una posesión de algún hombre, esposo o padre, ya no lo somos. Hoy decidimos, tenemos voz y si es necesario gritamos para que nos escuchen. ¿Qué tal si no es una, sino miles las que se manifiestan? ¿Qué tal si es la mitad de la población la que reclama que sus derechos no están siendo garantizados? ¿Nos quieren calladas y sumisas? Eso se acabó.
La resistencia nunca es un camino pacífico, siempre se lucha contra discursos dominantes y grupos de poder y estamos dispuestas a hacerlo. No queremos que nos sigan violando, acosando y matando. No estoy validando los grafitis, pero sí estoy validando su mensaje, las paredes ya están limpias pero ¡nosotras seguimos demandando equidad!