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Costa Rica atraviesa uno de los momentos más alarmantes en su historia reciente. Entre 2016 y 2024, un total de 188 menores de edad fueron asesinados con armas de fuego, en una tendencia que se ha agudizado al punto de colocar a 2023 y 2024 como los años más letales para esta población.
Esta cifra debería estremecer al país: 263 menores asesinados en menos de una década, más del 70% por armas de fuego. No se trata de una estadística fría, sino de una tragedia colectiva.
Las cifras, reveladas por la Fundación para la Paz y la Democracia y respaldadas por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), son el reflejo de una realidad estructural que ha escalado de forma inaceptable.
El diagnóstico es claro algunos fueron reclutados, entrenados y utilizados como piezas desechables por organizaciones criminales que dominan territorios y redes de microtráfico.
Esta situación debe enfrentarse como una emergencia nacional. No se trata solamente de aumentar operativos o endurecer penas, sino de detener el avance de una cultura criminal que recluta, utiliza y desecha a nuestros adolescentes con total impunidad.
Costa Rica no puede permitir que la infancia crezca entre ráfagas de bala. Se requiere una respuesta integral que abarque políticas públicas de prevención, control del armamento ilegal, fortalecimiento del sistema educativo, programas de inserción social y combate frontal al crimen organizado. Pero también se requiere voluntad política, articulación institucional y presión social para que las soluciones no queden atrapadas en el discurso.
Cuando una sociedad permite que sus niños y adolescentes sean asesinados con la frecuencia y brutalidad con que ocurre hoy, no solo fracasa el sistema de seguridad: fracasa el Estado, fracasa la comunidad, y fallamos todos.
No se puede seguir normalizando esta pérdida. La niñez no debe ser parte del saldo rojo. Su vida no puede depender del calibre de una pistola ni del control de una esquina.
Es momento de reaccionar. Es momento de proteger a quienes aún tienen toda la vida por delante.