Una democracia que funcione

Editorial

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El último estudio del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional revela una tensión preocupante en el imaginario costarricense: apenas un 5,3% de los consultados considera que la democracia es la mejor forma de resolver los problemas del país. 

Al mismo tiempo, un aplastante 80,5% clama por una autoridad firme, sin titubeos ni debilidades, como mecanismo para salir del atolladero nacional.

Este deseo de “mano dura” es especialmente marcado entre personas mayores de 36 años y aquellas con menor escolaridad. 

Además, el 62% considera que los problemas del país se solucionan encarcelando a más delincuentes. No obstante, y he aquí una señal de madurez cívica, el 75,5% rechaza tajantemente suspender derechos o garantías ciudadanas, incluso para combatir la criminalidad. Castigo sí, pero sin perder libertades.

En lo político, la encuesta arroja señales similares: el 71,6% exige que el Presidente negocie con la oposición, aunque al mismo tiempo, un 50,9% ve inaceptable que los diputados bloqueen sus proyectos. Esa ambivalencia expresa frustración con el sistema, pero también una oportunidad para repensarlo.

Este sentir colectivo no solo se escucha en calles y plazas, sino que arde en las redes sociales, amplificado por el anonimato y alimentado por la polarización, que hoy cuenta con el aval implícito de los tres Poderes de la República.

Ante un Congreso cada vez más dividido, urge retomar el arte de la negociación y del debate constructivo. 

El sistema presidencialista, tal como está, ha demostrado tener límites claros. La discusión sobre una evolución hacia un modelo más parlamentario no debe ser vista como amenaza, sino como una respuesta legítima a las nuevas dinámicas políticas. No se trata de renunciar a la democracia, sino de fortalecerla. Costa Rica no quiere autoritarismo, quiere efectividad con respeto. Quiere un país que funcione sin que le roben el alma.

Prioricemos los acuerdos y la negociación, solo así podremos sacar los grandes proyectos que necesita el país para los tiempos que corren.

“No se trata de renunciar a la democracia, sino de fortalecerla. Costa Rica no quiere autoritarismo, quiere efectividad con respeto”.