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Al entrenador nacional Luis Fernando Suárez ya le hicieron la primera jugada de taquito… y no la vio pasar.
En plena conferencia de prensa, el pasado miércoles durante el anuncio de los convocados a Catar 2022, se enteró de que Jewisson Bennett se integrará al grupo en Kuwait, cuartel general de los ticos. Ahí llegarán también Keylor Navas y Francisco Calvo.
En la Federación Costarricense de Fútbol así lo hicieron sin consultarle al entrenador. Me imagino que, sin iniciarse el Mundial, ya andan ahorrándose pesetas.
Lleva razón Suárez de incomodarse. Si quiere tener autoridad, debe procurar traer a Bennett al juego contra Nigeria, el 9 de noviembre. La presencia del juvenil legionario no es un asunto de boleto, se trata de un tema táctico. Suárez quiere verlo frente a la velocidad de los nigerianos, quiere medir el acelerador del grupo antes de codearse con los rapidísimos japoneses. Eso no lo entienden ciertos federativos ni los administrativos. El técnico ya comenzó a jugar el Mundial.
Para los ejecutivos y trabajadores del proyecto Gol, el juego será una despedida, pero para el entrenador un laboratorio de su idea táctica, sin mostrarle mucho a los visores camuflados de sus rivales.
Por eso su dejo angustiante al enterarse que Bennett llegará a Kuwait, y no a San José. Por cierto, este apellido para los alemanes es muy recordado en Catar. En el Mundial Juvenil 1995, Jewisson padre bailó a los teutones en el triunfo de Costa Rica frente a Alemania, disputado en Doha. Una rica historia para los informadores, que viajarán a la cobertura tica.
Y volviendo al interés de Suárez por querer a Bennett hijo ante Nigeria y la tozudez de alguien federativo por mandarlo a Kuwait, me recuerda aquel refrán de que una cosa es lo que piensa el burro y otra el que lo arrea. ¡Buen viaje, muchachos!