Un espacio para reencontrarnos con la Verdad

En su despedida del Senado, el expresidente José Mujica expresó lo siguiente:“En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio porque aprendí una dura lección que me impuso la vida que el odio termina ‘estupidizando’, porque el odio nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego como el amor, pero […]

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En su despedida del Senado, el expresidente José Mujica expresó lo siguiente:
“En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio porque aprendí una dura lección que me impuso la vida que el odio termina ‘estupidizando’, porque el odio nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye… y una cosa es la pasión y otra cosa es el cultivo del odio…”.
Al escuchar ciertas declaraciones y noticias pareciera que la estupidez y la falta de objetividad ha tomado el lugar de la sensatez y la capacidad para enfrentar y resolver los problemas. Es cierto que estamos mal, es cierto que hay mucho que corregir, es cierto que se han cometido graves errores, pero hacerlo peor para obtener réditos, sean políticos, empresariales o gremiales, es imperdonable.
Los ciudadanos están cansados de escuchar discursos llenos de descalificación y egoísmo; están hartos de egos que buscan sobresalir a costa de las necesidades de los costarricenses; no quieren oír más mentiras con las que se busca alimentar el descontento o engañar sobre la realidad que enfrentamos. La crisis actual es una verdad indiscutible; que enfrentamos uno de los peores momentos de la historia es irrefutable, pero querer borrar y desconocer lo que a lo largo de los años hemos logrado construir como nación es no solo una afrenta contra nuestros antepasados, es una forma deliberada de ignorar la historia, de mentir y de desacreditarnos como pueblo.
Los ciudadanos tenemos derecho a saber qué es verdad y qué es mentira de toda la información que fluye por los medios y las redes sociales; qué afirmaciones tienen fundamento y cuáles distractores se usan para confundirnos, sembrar mayor división, alejarnos de lo verdaderamente importante y, peor aún, de la Verdad.
Una y otra vez se hacen denuncias de uno y otro lado sobre las supuestas mentiras, verdades a medias o engaños, lo cierto es que se deja entrever el propósito de encender los ánimos de quienes se encuentran sufriendo carencias, injusticias y necesidades, para luego manipular el descontento.
Ya decía Goebbels, el Ministro de Propaganda de Hitler, “miente, miente, que algo queda” y lo que queda es mucha desconfianza, resentimiento y odio…. es evidente que atrás de las mentiras hay una estrategia para dividir, para causar malestar, para que nos perdamos en un mar de dimes, diretes y generalidades que nos lleven a concluir que nadie es fiable y con cinismo aceptemos que “nada es verdad y nada es mentira, todo es del color del cristal con que se mira”. Lo que nos tenemos que preguntar es quién tiñe los cristales, de qué color y que es lo que quiere que veamos como verdad.
Volver a pensar con objetividad es urgente, pero qué difícil si nos “seguimos carboneando” con lo que circula en las redes sin saber su procedencia o intención, sin tomar en cuenta que un clic es suficiente para ser cómplice de lo mismo que se quiere combatir: la mentira y la división.
¿Qué pasaría si tal vez, solo tal vez, se lograra establecer un espacio neutral, una contraloría capaz de verificara datos y señalamientos, para que las personas tuviéramos la oportunidad de cotejar aquello que se afirma, sea por políticos, lideres, sectores, gremios, redes sociales, medios? Podríamos, por un lado, saber la verdad y con objetividad valorar y juzgar a las personas, a las propuestas y a las decisiones y por el otro saber en quién se puede confiar verdaderamente.
Si me preguntan cómo y dónde se puede crear este espacio, no lo sé. Las personas están dispuestas a validar rumores tendientes a destruir la honra de terceros, creer información que no les consta de primera mano, confiar en anónimos, pero se niegan a aceptar datos duros que exponen la Verdad cuando esta les es incómoda, cuando no sirve a sus intereses o no ayuda a justifica su enojo o frustración.
En los Estados Unidos, en medio de la campaña electoral, algunos medios están haciendo un esfuerzo por verificar la autenticidad y veracidad de las afirmaciones que hacen los partidos y los políticos, cotejan lo dicho con los hechos para mostrarlos a la audiencia… ¿confiaríamos aquí en ellos? Otrora los medios hubieran sido un punto de referencia, pero han sufrido la pérdida de credibilidad cuando el ciudadano ha percibido sesgo en las informaciones. Las iglesias, la academia, los “notables”, los líderes pareciera que todos han sido blanco de un orquestado descrédito y hoy pagamos las consecuencias.
La afirmación de don José Mujica es lapidaria: “…el odio termina ‘estupidizando’”. El enfrentamiento al que nos están conduciendo está saturado de odio y está en nosotros retomar el control, frenar ese sentimiento, recuperar la objetividad, crear un espacio donde podamos reencontrarnos con la Verdad y juntos reconstruir nuestra nación sobre bases firmes y confiables.

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