Un demonio le ordenaba matar

Expolicía asesinó a 5 limonenses en 12 días

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En 1991, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y la Guardia Civil iniciaron una persecución contra un hombre identificado como Johnny Antonio Monge Ramírez, quien anteriormente formó parte de la unidad de Radiopatrullas. Era sospechoso de tres homicidios, luego de que sus problemas psicológicos se intensificaran tras ser destituido de la Fuerza Pública.

Monge, criado en una humilde familia limonense, sentía un profundo deseo de integrarse a la institución policial, motivado por su admiración al personaje de Rambo. Además, albergaba un sentimiento de venganza, ya que había estado preso por abusar de su sobrina, hecho que también provocó que su cuñado le propinara una golpiza.

Ricardo Donato, entonces director de Radiopatrullas y quien lo recibió en la unidad, relató los primeros pasos de Monge dentro del cuerpo policial:

“Yo lo recibí en el año 90. Para esa época, con solo tener el sexto grado aprobado podía ser reclutado. Él amaba ser patrullero. Cabe mencionar que ya tenía antecedentes por consumo de alcohol y llegadas tardías, por lo que estaba bajo observación”, comentó Donato.

Poco después, un asalto a un taxista, delito por el cual no fue condenado por falta de pruebas, lo colocó bajo sospecha de sus superiores.

“Se presentó una denuncia por el robo a unos turistas, donde fue identificado. Eso bastó para darle de baja. Este hecho marcó su salida de la unidad y el inicio de su comportamiento delictivo”, añadió Donato.

Según personas cercanas al caso, esto detonó un fuerte deterioro mental. En su libro, Monge afirmó ser inocente, pero, al haber sido juzgado injustamente, decidió “cambiar de bando” y comenzar a matar.

El camino de la muerte

La primera víctima de Monge y su grupo fue Arcelino Miranda, un taxista informal secuestrado para robarle el vehículo, el cual utilizaron para cometer asaltos. Inmediatamente después del homicidio, se dirigieron a un bar en el centro de la provincia con la intención de hurtar las pertenencias de los presentes.

Sin embargo, el dueño del establecimiento sospechó de los sujetos y anotó la placa del automóvil. Al percatarse de la acción y no encontrar el papel, Monge se enfureció, ató al comerciante y lo trasladó junto con otras dos personas a una zona montañosa.

Allí ejecutaron a Rogelio Porras, propietario del bar, y a un cliente identificado como Leonel Barquero, disparándoles en la cabeza. También hirieron gravemente a Víctor González, quien llevaba cinco años trabajando en la comandancia de Limón. Este sobreviviente fue clave para identificar a los responsables.

Ya hospitalizado, Víctor fue interrogado por agentes del OIJ, entre ellos Fidel Romano, de 36 años, y Alexis Rodríguez, de 24, quienes comenzaron a seguirle la pista al grupo.

Gerardo Castaing, entonces jefe regional del OIJ, detalló cómo empezó la búsqueda:

“Este sujeto tenía múltiples antecedentes, y las tres muertes más recientes motivaron que la oficina de Limón se enfocara en encontrarlo”, explicó Castaing.


Diario Extra dio cobertura a estos hechos impactantes.

Tras varios días de rastreo, los agentes descubrieron que Monge solía visitar a su pareja, lo que permitió su captura.

Errores que marcaron el asesinato de 2 agentes

El 10 de noviembre de 1991, mientras Monge se encontraba bajo custodia judicial, aprovechó una serie de errores para planear su fuga. Tras escapar, comenzó una de las operaciones de búsqueda más intensas registradas en Costa Rica hasta ese momento.

“Ese día, lo sacaron de la celda para tomarle las huellas dactilares. En la sala había un oficial durmiendo con el arma bajo la almohada. Justo cuando el agente encargado fue a buscar alcohol para limpiar los dedos, el otro fue al baño”, recordó Castaing.

Monge aprovechó la distracción para tomar la pistola y esconderla entre la pretina del pantalón. Luego lo devolvieron a la celda sin notar nada sospechoso.

Al día siguiente, pidió ver con urgencia a Fidel Romano, asegurando tener información sobre otro caso. Romano accedió.

“Romano le dijo que ya tenían pruebas suficientes, pero Monge insistió en que era sobre otro caso. Como era un excelente investigador, decidió escucharlo”, relató Castaing.

Romano y Rodríguez lo trasladaron en un vehículo con desperfectos: la puerta del conductor solo abría desde afuera, y además lo esposaron con las manos hacia el frente.


El OIJ rinde homenaje a sus agentes cada 12 de junio.

Según testigos, durante el trayecto los tres se mostraban relajados, incluso riendo. Sin embargo, Monge sacó el arma robada y disparó a Rodríguez en la cabeza. Romano intentó escapar, pero la puerta defectuosa se lo impidió, y recibió tres disparos.

Desde entonces, inició una intensa operación por tierra y aire para capturarlo.

“Cuando me asignaron la operación, reuní a los oficiales. Dividimos Limón en dos zonas principales y comenzamos a verificar toda la información que nos llegaba, incluyendo incursiones en zonas montañosas y al norte del cantón”, agregó Castaing.

La captura

En Penshurst de Limón, una familia alertó a las autoridades al ver a un hombre con las manos esposadas hacia adelante. Monge, al notar que lo habían reconocido, escapó por la playa, lo que concentró la operación en esa zona.

“La alerta nos llegó al anochecer. Como ya estaba oscuro, colocamos los vehículos a 10 metros de distancia con las luces largas apuntando hacia la playa. Nadie durmió esa noche por la tensión”, relató Castaing. Al amanecer, aproximadamente a las 5:00 a.m., los oficiales avanzaron tierra adentro para rodearlo. Al verlos y escuchar el helicóptero, Monge sacó el arma y se quitó la vida.

Enseñanzas

El caso demostró un serio problema en las infraestructuras del Poder Judicial, ya que el lugar donde lo reseñaban estaba cerca del dormitorio de los oficiales. Se deben tomar otras medidas con los edificios, enfocar los esfuerzos para que no vuelva a ocurrir una situación similar.

Un libro escalofriante

En el diario del hombre, el cual fue encontrado tras los allanamientos, escribió:

“Entré a la montaña en medio de la noche, donde bajó un ser de bata blanca, pelo rubio y ojos celestes, el cual me pidió matar sin hacer sufrir a las personas”.