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Hace exactamente un año, el 15 de octubre, la vida de la familia Salas cambió para siempre. Desde esa fecha no se volvió a saber nada de Daniela Escobar, joven vecina de Sámara, Nicoya, cuyo rastro se perdió entre hipótesis, silencio institucional y una búsqueda que no se detiene.
Hoy, su madre Sandra Salas y su hermano Víctor Salas levantan nuevamente la voz para pedir que el caso no quede en el olvido.
“Ha sido un año de incertidumbre terrible. Es una tristeza y una impotencia no saber qué pasó con mi hija”, dice doña Sandra con la voz quebrada.
Relata que ha tocado puertas, visitado la Fiscalía, entregado pruebas y dado testimonios sin obtener respuestas. “Solo hemos recibido silencio. Ese silencio duele más que cualquier cosa. Cada día es una agonía, una angustia que no termina. No saber de mi chiquita es demasiado duro para una mamá”.
El paso del tiempo dice, no se mide en meses sino en ausencias: “El Día de la Madre sin ella, mi cumpleaños sin ella… hasta mi mamita, que era tan apegada a Daniela, se me fue de tristeza. Son muchos golpes sin tener noticias”, indicó.
Por eso pide que el caso se reabra. “Le pido a la Fiscalía que no tema buscar. Que reabra el caso, que nos ayuden a encontrar la verdad. Nosotros hemos llevado personas dispuestas a declarar, testimonios importantes, pero no los han querido escuchar. No sé por qué. Solo silencio, y eso duele mucho.”
Entre los recuerdos más vivos están las mascotas de Daniela. “Ella amaba a los animales. Tanita y Mayita ahora están conmigo. Cuando nos vio pasar, Tanita se metió al carro y no quiso bajarse. Es como tener un pedacito de ella en casa”.
Durante el año, la familia y la comunidad de Sámara no se quedaron de brazos cruzados. “Buscamos por tierra y por mar, con buzos, con pescadores, con vecinos. Fue una búsqueda incansable. Queríamos descartar que se tratara de un accidente acuático, como dijeron al principio, pero nunca se halló nada”, cuenta Sandra.
Además, pide que las instituciones con recursos técnicos retomen las labores. “No queremos que el caso quede como una versión más. Que vuelvan a buscar, que no se dé por cerrado”.
En medio del dolor, lanza un mensaje para otras familias que viven la misma pesadilla: “Sé que hay muchas mamás igual que yo, con casos que se basan solo en hipótesis. Les pido que alcemos la voz, que seamos megáfono unas de otras. Nuestros hijos no son un número. Exijo que se reabra el caso de Daniela. No nos vamos a callar”.
Esta noche, familiares, amigos y colectivos feministas realizarán una vigilia en Sámara al cumplirse un año de su desaparición. “Mi hija quiere que la busquemos. Siento que ella habla, que pide verdad. Y la vamos a encontrar.”
Para Víctor, su hermano, este ha sido el año más largo de sus vidas. “No nos hemos detenido. Luchamos cada día para que esto no se quede así. A veces duele más la indiferencia que la ausencia”, afirma. “Costa Rica está lejos de tener una respuesta eficaz. No es solo el caso de Daniela, hay muchos más. La Fiscalía mantiene un silencio doloroso. Es como si Daniela estuviera pidiendo ayuda y le cerraran la boca con un expediente.”
La familia ha organizado búsquedas, marchas y colectas para financiar investigaciones paralelas. “Con ayuda de colectivos y vecinos hemos podido encontrar pistas que la Fiscalía no ha querido considerar. El caso fue archivado con base en un testimonio sin credibilidad, mientras pruebas más sólidas siguen sin analizarse”, explica Víctor.
Este 15 de octubre, la familia se une a una nueva marcha pacífica en Sámara junto a colectivos de todo el país. “Queremos alzar la voz no solo por Daniela, sino por todos los desaparecidos. Que las autoridades respondan, que los casos no queden guardados. Llamamos a la gente a compartir, a no dejar que se apague el nombre de quienes faltan.”
Doña Sandra mira las fotografías de su hija y repite casi en susurro: “Ha sido un año sin respuestas, pero no sin lucha. Mientras yo respire, voy a seguir buscándola.”



