Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Este segundo año de la Administración del presidente Rodrigo Chaves será crucial para Costa Rica y eso quiere decir “para todos nosotros”, sin excepción.
Según la última encuesta seria y científica (CIEP-UCR, abril del 2023), los habitantes de este pequeño y extraordinario país que supo construir en la segunda mitad del siglo XX, en el medio de las Américas, un modelo de convivencia social singular y diferenciado en América Latina, expresan hoy que su principal temor es “llegar a perder el país”. Además de “perder el país”, las respuestas y los números de calificación para sus temores son directos y a la yugular: Que el narcotráfico controle mi barrio (82); No tener pensión (80); Sufrir un asalto (78); Agresión física y sexual (78); Enfermarse (76); Futuro de los hijos (75); Matonismo (75); Que no me alcance el dinero (70); Perder mi empleo (60). Este es el cuadro de un país inmerso en una peligrosa crisis de confianza en sí mismo y un asombroso pesimismo generalizado.
Agréguele lo siguiente: el 60% de los costarricenses no cree que el gobierno pueda resolver ninguno de sus problemas. No necesariamente este gobierno del presidente Chaves; sino cualquier gobierno, del partido político y de la orientación ideológica que sea: de derechas, de izquierdas o de centro derecha o centro izquierda, conservador o progresista, o el que sea. Así opina la gente.
Pero el Banco Central, cuya solidez técnica está fuera de toda duda, certifica que la economía costarricense crecerá un 3,3% este año 2023 y todos sus indicadores apuntan hacia arriba, especialmente en manufacturas, servicio a empresas, hoteles, restaurantes y en información y comunicaciones. No es lo óptimo, porque Costa Rica necesita crecer a más del 5%, pero es un evidente cuadro de recuperación y una señal de que el país va en camino de salida. Mientras el Banco Central nos da esta visión optimista de la realidad económica, esa falta de confianza nacional es peligrosísima y generalizada. Tomen muy seria nota de estas dos apreciaciones diferentes, el presidente Rodrigo Chaves y sus ministros, los Diputados de todas las Fracciones en la Asamblea Legislativa, los Señores Magistrados del Poder Judicial, los líderes de los partidos políticos (los de antes y los de ahora), los dirigentes de todas las organizaciones de la sociedad civil y la academia, así como quienes formamos opinión pública. Entre esas dos visiones opuestas se encuentra Costa Rica.
En las últimas elecciones, los que ganaron y los que perdimos, votamos por un CAMBIO y por ajustes estructurales en el modelo de desarrollo. Atravesamos aguas procelosas y hay turbulencia política y social. El gobierno y la Asamblea Legislativa, vista la gravedad y profundidad de los problemas nacionales y que nadie tiene mayoría para imponer sus criterios, solo tienen un camino: dialogar con franqueza y transparencia y trabajar sin descanso, por una “agenda país” de soluciones nacionales realistas, consensuadas y pragmáticas. ¡Que así sea!