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En las democracias gobernar es difícil y problemático, pero sí se permite la libertad de expresión y se puede estar en desacuerdo con el Gobierno sin que eso implique alguna medida de represalia relativamente. En la actividad política, de acuerdo con una teoría: “el gobernante de una nación tiene el reto inmenso de gobernar no solo para una parte de la población del país, sino para todo el país y, como tal, debe entre otros asuntos, tomar decisiones, integrar intereses contrapuestos, interactuar con los miembros de su gabinete y con otros jefes de Estado y de gobierno”, para gobernar en democracia, hay que tener la habilidad de saber negociar.
Hay algunos líderes políticos de cierto carácter que, cuando pronuncian algo, sus palabras hacen eco hasta en los últimos rincones de la Tierra. Podríamos decir del nuevo inquilino de la Casa Blanca de los Estados Unidos, Donald Trump, que es uno de ellos; se perfila como un mandatario de pocas palabras, calculador, en política internacional no mide las limitaciones, agresivo y polémico. También hay que ver su equipo de gobierno; gente de mucho conocimiento como el director ejecutivo de ExxonMobil Corporation, Rex Tillerson, el nuevo secretario del Departamento de Estado; gente brava como James “Perro Rabioso” Mattis, un general retirado, el secretario de Defensa; la nueva embajadora ante la ONU, Nikki Haley, una cara de pocos amigos y un lenguaje beligerante: “tenemos que respaldar a nuestros aliados y asegurarnos de que nuestros aliados nos respaldan y quienes no nos respaldan, que sepan que vamos a apuntar sus nombres, y vamos a responder como corresponda”, sin embargo, otros de ese flamante gabinete aparentan que con ellos se puede lidiar.
Las cosas no son como antes, estamos en la era Trump, en estos primeros cien días de gobierno qué esperamos, aunque los pronósticos anticipan tormentas y fuertes vientos en todas las direcciones. Se sabe que es una persona impredecible y a saber qué cartas tiene debajo de la manga, es mejor estar preparado. Tal vez los mexicanos pensaron que lo del muro no era en serio, pero me parece que el tal muro va para los refugiados y migrantes que limitan al sur de los EE.UU. para abajo; afecta a la comunidad de América Latina.
La orden ejecutiva de suspender la admisión de refugiados y prohibir la entrada de forma temporal de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana (Irak, Siria, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen) es un tema muy controvertido, aduce él por seguridad nacional. Allá los musulmanes y su cultura, los latinos emigran hacia el norte por necesidad y falta de fuentes de trabajo en estas regiones, de hecho, no son gente que llega a hacer daño, sino a trabajar para ganarse algo de dinero para mantener sus familias en su país natal. Se sabe que los EE.UU. toda la vida ha sido una tierra de inmigrantes y de sueños, el sueño americano.
No se puede admitir tantos inmigrantes o refugiados extranjeros y no se sabe a qué vienen, para los musulmanes esto no se trata de una discriminación contra esa religión, como quiere argumentar el gobierno de Irán, son decisiones de cada país. Por otra parte, Trump es populista y nacionalista, estará dando de qué hablar y no creo que sea realmente admirador del presidente de Rusia, Vladímir Putin, sino que le gustaría tener las manos libres para gobernar como él lo hace en su nación, ¿quién puede contradecir una orden? Trump empezando su gestión de presidente ya había emitido tres decretos: (el muro, Obamacare y aborto), parece querer gobernar por decreto, demos tiempo al tiempo y esperar qué va a pasar.