
Gloria Bejarano
Ex primera dama de la República.
Si bien esto no es un fenómeno nuevo porque a lo largo de la historia hemos visto la presencia de seres como los nahuales, personajes de la cosmovisión mesoamericana con la capacidad mítica de convertirse en animales, los centauros y sirenas en la mitología, los berserkers en Escandinavia que vestían con piel de oso para adoptar su ferocidad en el combate…hoy los Therians se identifican en un plano psicológico o físico con un animal, no hay magia ni espiritualidad. Es entonces ¿un proceso de deshumanización? ¿Es un afán de presentar lo absurdo como un derecho? ¿Es simple rebeldía? ¿Representan casos de disforia, en lo que existe un sentimiento de estar en el cuerpo equivocado?
Si a este comportamiento sumamos aquellos adultos que se juran bebés, estamos frente a un fenómeno que parece ilógico y peligroso, por cuanto representa una degradación del ser humano, una disociación de la realidad y una pérdida de identidad.
Para algunos es motivo de risa o burla, normalizando con ello una conducta irracional que en el fondo busca se acepte que un ser humano pueda desconectarse de su realidad biológica y asumir una nueva identidad a pesar de que la biología, el ADN y la ciencia muestran que no existe un error que pueda convertir a un ser humano en un lobo, un gato, un lagarto…
Lo que antes hubiera levantado señales de alerta psicológica hoy es visto con complacencia como un espectáculo divertido o una moda pasajera, sin medir las graves consecuencias que se pueden derivar de esta conducta que relativiza los límites y los valores sobre los cuales se ha levantado el tejido social y el conjunto de conocimientos que a lo largo de los siglos han hecho posible la evolución del hombre, el desarrollo de las culturas, el progreso y el pensamiento crítico.
Esta tendencia surgió en los años 80 en los Estados Unidos durante una convención de ciencia ficción donde también estuvo presente el fanatismo por personajes antropomórficos; más adelante, en 1992, cuando no había redes, solo un incipiente internet, unas personas que no se identifican como humanos, se organizan por primera vez y dan origen al término Therians, del griego Therian o bestia salvaje. Hoy, con las redes sociales llegando a miles de usuarios, el fenómeno se ha disparado como una moda y lo que comenzó con una búsqueda de identidad terminó con una desconexión de la realidad biológica o… ¿se tratará de un distractor? Seas como seas, no podemos simplemente ignorar o desentendernos de este fenómeno, volver la vista y creer que será una “moda pasajera”. Hay que entender esta manifestación como una señal más que la cultura y la educación están en crisis y la familia ha dejado de ejercer su papel en la formación de valores en las nuevas generaciones.
Porque no se trata simplemente de ridiculizar o reprimir, tampoco de normalizar, ignorar o validar un comportamiento irracional por temor a poner límites, ir contra corriente o carecer de conocimiento para enfrentarlo, se trata de entender, de medir repercusiones, consecuencias y tomar medidas.
Surgen muchas interrogantes que necesitan respuesta… ¿Están nuestras instituciones de salud listas para atender daños en el sistema óseo de quienes alteran su forma de desplazarse en cuatro patas? ¿Qué regulaciones se impondrán a los veterinarios que atiendan Therians? ¿Si no trabajan, de quién dependerán? ¿Es posible negar el acceso a lugares públicos, escuelas u hospitales? ¿Bajo qué leyes se protegerán sus derechos?
La presencia de este movimiento en nuestro país nos obliga reflexionar sobre el tipo de sociedad que somos, los valores que estamos transmitiendo, el papel de las redes sociales y la necesidad de enfrentar esta tendencia que representa un verdadero reto como sociedad. Debemos informarnos, acompañar con respeto y criterio, poner límites claros y recurrir a ayuda profesional cuando así lo amerite.
El Estado, por su parte, debe prepararse para afrontar en escuelas, colegios y sitios públicos esta realidad, capacitar tanto a funcionarios como maestros y padres sobre la forma de abordar a los llamados Therians y diseñar un plan de acción nacional en el que lejos de simplemente reprimir, excluir, ignorar o normalizar, se actúe con firmeza, conocimiento, planeación y apoyo para superar esta tendencia.
