
Existen tipos de cáncer que pueden prevenirse al mantener hábitos saludables en su vida, como, por ejemplo, el de pulmón, en el cual dejar de fumar limita las posibilidades de contraer esta enfermedad.
Pero el cáncer de mama es de esos tipos de padecimientos en que el factor genético juega un rol más importante, por lo que al momento de recibir el diagnóstico puede significar una gran sorpresa para el paciente, sobre todo cuando durante su vida acostumbraba a llevar rutinas positivas.
Este fue el caso de Natalia Monge, quien comentó que al recibir la noticia, el 1º de diciembre de 2022, tuvo que preguntarse varias veces si lo que estaba viviendo era algo real.
“Esta situación sin duda paralizó mi mundo, mi vida. Lo único que había eran dudas, pensaba ¿esto me está realmente pasando a mí? ¿Perderé el pelo? ¿Me voy a morir? En ese orden, más o menos”, mencionó.
Luego de escuchar lo que determinaban los médicos, y aún no asimilar bien qué estaba pasando, se sometió a su primera quimioterapia, situación que fue tan dura que pensó que no iba a poder resistirla.
“Ese choque no te lo quita nadie, y el nudo que se te forma en todo el cuerpo cuando por fin sales de la sensación de estar en una película y te das cuenta de que sí, tienes cáncer. No sé explicarlo con palabras”, agregó.
Luego de aceptar esto, asegura que pasó unos días de duelo y fue luego de eso que inició realmente la lucha.
“El futuro se vuelve borroso y solo te centras en el presente, o en objetivos a muy corto plazo: conseguir levantarte sin tener que luchar con la sensación de ladrillo atado al cuello, que se te vaya la fiebre, que termine el ciclo de quimio.
Esto sin duda quita ciertas ilusiones, pero mirar al presente ayuda a centrarse en las cosas y personas, y seguir avanzando. A mi lado estuvieron mi familia y amigos que no me han dejado sola ni un instante, esto hace más fácil mi camino por esta etapa que es temporal. Ahora tengo una nueva ilusión: ver mi cabello crecer”.
Pasar por el proceso del cáncer le hizo aprender muchas cosas, una de ellas fue que el cabello, las cejas, las pestañas, el color de piel, las manchas, el peso, las cicatrices y la manera de vestir no definen a las personas, sino más bien la esencia, la fe, la actitud ante la adversidad, la fuerza, la vulnerabilidad y, lo más importante, la empatía.
