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Las autoridades judiciales y migratorias investigan si detrás de los migrantes venezolanos que lamentablemente se accidentaron en un autobús están los miembros de dos bandas dedicadas al tráfico de personas, identificadas como Los Talibanes y Los Catanos.
Al parecer estas agrupaciones se dedican no solo a traer de manera ilegal a nicaragüenses, sino que les cobran a los suramericanos por salir del país, luego de cruzar desde la frontera sur hasta llegar a la frontera norte en bus.
Es ahí cuando tienen que intentar pasar a suelo nica y entran a operar los traficantes de personas que se mueven por la zona, quienes se conocen muy bien y operan durante todo el día.
Según la misma Policía, estos grupos hospedan a los migrantes en unos ranchos durante varios días, donde los agarran en una “terapia”, haciéndoles creer que si la Policía los detiene va a devolverlos a San José, lo cual sería un gasto económico más.
Cuando empiezan a sacarlos del refugio -al parecer propiedad de unos hombres conocidos como Los Catanos- y en varios vehículos livianos y de doble tracción e inclusive con la suspensión modificada y vidrios polarizados, meten familias enteras y los transportan hasta un punto determinado.
Luego los dejan por entradas improvisadas que ellos mismos hacen y que les aseguran que los oficiales no llegan para que puedan hacer el ingreso a suelo nica de manera tranquila.
Adrián Salazar, director de la Policía de Fronteras, agregó que es un tema constante y una cultura de la zona.
“Se da tratamiento integral con las diferentes autoridades, se hacen trabajos, no es un asunto constante en la zona como en cualquier frontera que tiene sus peculiaridades se dan esas actividades ilegales. Seguiremos en el esfuerzo de atacar este flagelo”, sentenciaron.
CRUCE PELIGROSO
Antes de adentrarse por las extensas fincas de naranjas, les cobran diferentes montos en colones o en dólares por la travesía y en caso de que no anden efectivo les quitan alguna pertenencia, pero en el peor de los casos los retienen hasta que consigan la plata.
El traslado de las personas lo realizaban principalmente los fines de semana en horas que ellos vean que la presencia policial es escasa o nula, todo se mueve muy rápido en la línea fronteriza.
Incluso se tiene conocimiento de que los líderes de la banda les cobran ¢5 mil de peaje a niños, ancianos y embarazadas, mientras que a los adultos hasta 20 mil colones.
Además, se conoce que pasaban horas sin comer ni tomar líquido y cuando les tocaba caminar lo hacían bajo el sol y los aguaceros que caen en la Zona Norte, sin embargo, lo hacen por la necesidad de llegar a Estados Unidos en busca del sueño americano.