Taiga y haiga

Después de hacer filas y esperar en pasillos ventosos por horas, finalmente la enfermera toma mi peso y comenta que tengo sobrepeso, dejándome al borde de un colapso, y es en ese momento en que tengo los ojos rojos y siento las palpitaciones cuando toma mi brazo y me toma la presión. Por supuesto que […]

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Después de hacer filas y esperar en pasillos ventosos por horas, finalmente la enfermera toma mi peso y comenta que tengo sobrepeso, dejándome al borde de un colapso, y es en ese momento en que tengo los ojos rojos y siento las palpitaciones cuando toma mi brazo y me toma la presión. Por supuesto que los indicadores informan de un estado alterado y no puedo explicarle a la impaciente enfermera que eso me pasa por venir a ese centro de salud y que el resto de mi vida tengo la presión de un muchachito. De esa misma manera se sube mi presión cuando oigo a un conocido entrenador de fútbol decir “haiga” cada vez que puede. 

Así hablan, me explica mi hijo riendo, para que no me suba la presión y me de algo grave. Y yo respiro y quiero cambiar de canal pero todo el mundo quiere saber qué va a decir de nuevo nuestro líder futbolístico. Mientras tanto pienso que con todo lo que le pagan a un entrenador en este país le alcanza  por lo menos para pagar a un asistente que le jale un hilo que penda de su oreja, digamos, para que corrija la oración. La plata tiene que alcanzar para ser mejores, aunque sea al explicar por qué nos va de esa manera en los partidos. 

Yo sé lo que usted está pensando si me ha seguido hasta acá. Es fútbol, y el buen decir no importa. Por eso hablan como personajes de Luigi Pirandello, abriendo comas y comas, poniendo puntos suspensivos, sin llegar jamás al punto que acabe con la idea que inició. Que lo que importa son los 90 minutos. Que no se meta. Bueno. 

Lo peor es que no puedo dejar de verlos. Partidos y conferencias de prensa. Todo resulta de gran actualidad. Partido de despedida, partidos de fogueo en Europa y en unos días partidos contra Serbia, Suiza y Brasil. Mi desplome de salud no necesariamente será consecuencia de los resultados, sino de las explicaciones que se darán después de cada uno de ellos y en los subsiguientes, que es la esperanza de los habitamos de este futbolero país. 

Rusia tiene la taiga en los Urales y en Siberia y en Kamchatka, los bosques boreales más extensos del planeta. Tan vieja como el mundo, ahí permanece la taiga dando vida en las partes más heladas del mundo como lo ha hecho por milenios. Tal vez, por lo menos a los rusos, no les suene tan ajeno el haiga y aplaudan las similitudes de ambos idiomas. Es a los traductores a los que se les va a poner dura, como dijo recientemente un seleccionado, a la hora de traducir a nuestro entrenador. Bueno, si ganamos, estaremos tan contentos que aplaudiremos su haiga y correremos a la fuente más cercana.