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La frase completa es: “No temas; solamente ten fe” (Marcos 5,36) y se la dice Jesús a un angustiado padre que duda de que su hija vuelva a recuperar la salud. Por una parte, el padre se ve absolutamente impotente para infundir vida y fuerza en la hija y por otra, atiende lo que le dice Jesús para infundirle fe y esperanza ya que confía en Él, en su palabra y su poder.
La fe es pues, una condición de la confianza para así superar el temor, sacando fuerza de la debilidad porque se cree en alguien que todo lo puede: Jesús es Dios. Y la fe es la virtud teologal (de theos, Dios) que nos empalma con Él para que confiemos en su amor y su poder, aceptando de antemano su voluntad y cuanto permita en nuestra existencia, en medio de la oscuridad y la contradicción que conlleva la fe.
De la aceptación del temor que no se elimina con una simple palabra, sino mediante el proceso de ir creciendo en la fe, en ese amor y poder de Dios en los que andamos envueltos siempre y en todas partes.
Anselm Grün generalizando el tema escribe: “La fe en Dios, que no deja que nadie se pierda, es la condición para que también nosotros podamos creer en el ser humano, que pongamos la confianza en ÉL y en la fuerza que hay en Él”. En el presente caso, la hija de nuestro protagonista, ya sin ninguna esperanza, ha muerto, aunque Jesús advierte que: “la niña no ha muerto; está dormida” (Marcos 5,39).
Grün añade, a propósito, “pero Jesús cree en la fuerza que hay en la hija. La despierta y fortalece su espalda. Toma a la niña de la mano y la levanta”. Con ello se nos quiere indicar que con Dios podemos contar siempre con un efecto reanimador, incluso en la muerte, fruto de la confianza puesta en el que nos ama y todo lo puede.
En todo caso y como lo observa el mismo Grün, esa confianza “nunca es exclusivamente pasiva, sino que pone al ser humano en movimiento”.
A la luz de todo ello, añado, que la confianza que depositamos en una persona despierta una parecida confianza en ella. Al fiarnos nosotros de ella, acaba confiando en sí misma, en sus capacidades y fuerza para explotarlas adecuadamente, superadas las dificultades que se le pongan por delante.
Lo saben los médicos, los confesores y consejeros, también los amigos; nuestra confianza en el otro tiene un efecto sanador sobre él. De ahí la importancia suma de infundir en los demás, empezando por los mismos niños, la confianza en sí y en sus ilimitadas posibilidades.
Dejemos que sea el propio Jesús el que nos repita en todo tiempo y lugar: “No temas; solamente ten fe”.