Socialismo del Siglo XXI y el Grupo de Puebla

Con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, la izquierda radical latinoamericana buscó fortalecerse al amparo de la dictadura de Fidel Castro y el Partido de los Trabajadores de Lula y formó el Foro de Sao Pablo. Con el triunfo en Venezuela de Hugo Chaves alcanzó en 1998 a […]

Con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, la izquierda radical latinoamericana buscó fortalecerse al amparo de la dictadura de Fidel Castro y el Partido de los Trabajadores de Lula y formó el Foro de Sao Pablo. Con el triunfo en Venezuela de Hugo Chaves alcanzó en 1998 a contar con un segundo partido de los que la integran en el poder. Posteriormente se dio una época en que con la ideología del Socialismo del Siglo XXI tuvo el Foro de Sao Pablo gran predominio. Se dio en diversos períodos el ascenso al gobierno de partidos miembros de ese Foro en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay. También pertenecieron al Foro de Sao Pablo grupos guerrilleros como, antes del proceso de paz, las FARC de Colombia.
Los partidos gobernantes afectos a esa organización que no habían devenido en dictatoriales fueron siendo desalojados de los gobiernos por procesos democráticos, quedando como las caras visibles en ejercicio del poder las cada día más despóticas y empobrecedoras dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Este movimiento se dio como reacción contra las medidas estatistas y sus efectos perjudiciales para la economía, y las concentraciones de poder y sus efectos perjudiciales para la libertad, la democracia y los derechos humanos. Claro que hay casos como el de Uruguay, en que ni las medidas económicas fueron disruptivas del funcionamiento eficiente de los mercados ni las medidas políticas debilitaron el estado de derecho.
Surge entonces como nuevo baluarte del Socialismo del Siglo XXI, el Grupo de Puebla en 2019, integrado ahora ya no por partidos sino por dirigentes, y que incorpora no solo a miembros de América Latina y el Caribe, sino también de España.
Este año se han producido dos documentos importantes del Grupo de Puebla: “Manifiesto Progresista del Grupo de Puebla” y “Bases para un Modelo Solidario de Desarrollo”. Vale la pena estudiarlos, y prever el impacto de que se volviese a dar un predominio de ese tipo de pensamiento político en nuestra región del mundo, y ni qué decir en nuestro país.
No se trata ni de etiquetar por etiquetar con calificativos despectivos a un sector del pensamiento político, ni de provocar odio en su contra. Pero sí de confrontar sus propuestas. Las plantean como alternativas a un neoliberalismo fantoche al que gratuitamente se le adjudican todos los males, que en verdad son fruto de siglos de caudillismos, gobiernos patrimonialistas, economías mercantilistas y sociedades neo-feudales y segregadas, y no de la apertura de nuestras economías, ni de la incipiente vigencia de la democracia, el estado de derecho y los mercados libres, ni menos de la cultura occidental basada en la libertad, la dignidad humana y la fraternidad de la que somos orgullosos herederos.
Quedará para otras ocasiones detallar el contenido y las consecuencias de estas posiciones herederas de un estatismo trasnochado. Por ahora solo puedo señalar dos comentarios muy generales que posteriormente elaboraré.
Por una parte, el menosprecio que se tiene en esos documentos por la libertad. No se considera la necesidad de su vigencia para que la dignidad y los derechos humanos puedan imperar, para que la iniciativa individual pueda fructificar, para que la innovación, el esfuerzo propio, y las asociaciones voluntarias generen progreso. Indicar yo la importancia de la libertad para el bienestar humano no implica que pretenda ocultar las limitaciones del mercado, o ignorar la necesidad de estructurar el orden de la competencia y atender sus fallas.
Por otra parte, el olvido de la fraternidad. La fe en un Estado manejado por sabios santos lleva a creer que con dotar de mayores poderes y recursos a los Estados basta para que, mediante una planificación centralizada de la economía y de la sociedad, impere la igualdad material entre las personas. No hay campo para considerar fallas del Estado ni la corrupción ni la enfermedad que el poder engendra.
El planteamiento del Socialismo del Siglo XXI contra el “neoliberalismo de paja” que se inventa pretende revivir en su provecho la disyuntiva decimonónica entre visiones que solo consideran una ilusoria igualdad de resultados entre personas desiguales (Socialismo Siglo XXI), y esa caricatura de neoliberalismo que se postula como propulsor a rajatablas de una libertad sin su contrapartida de responsabilidad.
Falta la fraternidad que permite conciliar libertad e igualdad de oportunidades.