
El síndrome del trabajador quemado está pasando factura en las aulas, ya que más del 70 % de los docentes del Ministerio de Educación Pública (MEP) se incapacita al menos una vez al año, en muchos casos por estrés crónico y agotamiento profesional.
La sobrecarga laboral, la presión administrativa, la burocracia y la falta de recursos forman parte del escenario que detona el desgaste. A esto se suman aulas saturadas y pérdida de respeto hacia la figura docente.
Así lo revela el libro síndrome de “burnout”: Claves para recuperar tu energía y pasión por enseñar, una investigación del psicólogo y docente de la Universidad Hispanoamericana, Deibem Gómez.
El especialista advierte que prácticamente todos los campos laborales pueden ser objeto de “burnout”, pero las estadísticas muestran mayor incidencia en educación, salud y servicio al cliente.
“Es entendible, pero la buena noticia es que se puede hacer algo al respecto sin importar en la etapa o el o el nivel en el que estemos. El sistema exige resultados, pero no provee los recursos suficientes Hay fatiga y un cuestionamiento inicial del porqué no está funcionando lo que estoy planeando. Surgen dolores de cabeza, migrañas y problemas de sueño”, afirma Gómez.
El proceso no ocurre de un día para otro. Inicia con entusiasmo e idealismo, pero luego aparece el estancamiento: “
En la etapa de crisis emerge la frustración, según explica, se manifiestan irritabilidad constante, conflictos laborales y síntomas psicosomáticos.
La apatía llega como mecanismo de defensa, hasta desembocar en el colapso, con “síntomas depresivos severos, vacío existencial y enfermedades físicas”, incluso problemas cardíacos o trastornos autoinmunes.
Para Gómez, ningún logro profesional justifica perder la salud mental, por lo que recomienda no esperar al colapso y actuar ante los primeros síntomas.
Hablar abiertamente del “burnout”, apoyarse en colegas con más experiencia y acudir a redes de apoyo son pasos clave. También sugiere retomar actividades que generen bienestar, practicar mindfulness y aplicar técnicas de respiración consciente.
“El “burnout” no es una debilidad individual, sino el reflejo de sistemas laborales insostenibles”, concluye.