Silencio presidencial ofende al pueblo

“Así como hemos de rendir cuentas por cada palabra inoportuna, lo haremos también por cada silencio innecesario”. Benjamin Franklin   Desde hace un año exactamente DIARIO EXTRA colocó en su página 2 de la edición diaria que llega a todo el territorio nacional una foto del presidente de la República, Carlos Alvarado Quesada, y al lado una pregunta muy directa: ¿Qué ha hecho usted para reactivar la economía de nuestro país?  El silencio ha sido la única respuesta del jefe del gobierno. La falta de respuestas sobre la ruta que tomará el país abruma, pero ante todo ofende al pueblo de Costa Rica.  

Desde hace un año exactamente DIARIO EXTRA colocó en su página 2 de la edición diaria que llega a todo el territorio nacional una foto del presidente de la República, Carlos Alvarado Quesada, y al lado una pregunta muy directa: ¿Qué ha hecho usted para reactivar la economía de nuestro país? 

El silencio ha sido la única respuesta del jefe del gobierno. La falta de respuestas sobre la ruta que tomará el país abruma, pero ante todo ofende al pueblo de Costa Rica. 

El mandatario pone oídos sordos al clamor de los ciudadanos y peor aún, lleva más de dos años fabricando engaños, creando cortinas de humo, maquillando realidades. 

Esta pregunta sin responder durante 365 días es la muestra fehaciente de la falta de visión, de la inexperiencia, de la improvisación y más grave, de la desfachatez. 

A Alvarado ya le da lo mismo que le cuestionen, emplacen, critiquen e increpen por no haber hecho nada bueno en lo que va de su gestión, es tal el descaro que prefiere esconderse de la prensa, no se expone, no responde preguntas, no da la cara como dignamente le toca y exige la ley. 

Y su equipo de trabajo es igual, se enojan ante los cuestionamientos, censuran a los ciudadanos, ocultan información pública y por si fuera poco se sienten acosados y hasta ofendidos cuando el país conoce sus malas decisiones. 

Costa Rica vive hoy uno de sus peores episodios en la historia de los últimos 40 años, está enclavada en el subdesarrollo y la incompetencia que no logran superarse, por el contrario es como si estuviera estacionada en un pantano, inmovilizada. 

Pero esto no es de ahora, Carlos Alvarado no puede culpar a la pandemia de la desgracia que se nos viene encima, los expertos y las estadísticas demuestran que antes de este lamentable desastre sanitario ya las cosas estaban mal, muy mal. 

Más bien, el coronavirus le vino como anillo al dedo para solapar sus carencias, sus pésimas decisiones. Fue la justificación perfecta, pero los ciudadanos ya no chupan dedo, como se dice popularmente. 

Cuando miles de habitantes sufren el drama de no tener trabajo y tampoco comida, la historia cambia.

El abandono del gobierno es total, ricos y pobres reclaman la falta de propuestas, no hay un mapa, no hay un documento, no existe un resumen ejecutivo al menos de los proyectos y programas para surgir de este bache. 

Las mesas de diálogo son eso: mesas, no hay acuerdos, no hay concertación, no hay comunicación. 

La confianza se esfumó, el Ejecutivo en la figura de su gobernante es un cascarón, no tiene contenido, no concreta una sola de sus promesas, por el contrario avanza a base de engaños, de proyecciones irreales, de planes sin sentido. 

Desde 2019 el sector empresarial, generador de empleos, ya alertaba sobre el deterioro de la actividad económica y el cierre del año evidenció una economía a paso de tortuga. Pero el gobierno no reaccionó. 

Carlos Alvarado ofende a los sectores sociales, a los agropecuarios, pesqueros, transportistas, comerciantes y grandes empresarios que hoy lloran lágrimas de sangre por verse vulnerados, obstruidos, arruinados y quebrados en muchos casos; resienten el silencio sepulcral al que los han sometido para no dar la cara. 

Y claro, con la pandemia todo se agravó en mayores magnitudes, pues previo a ello, el gobierno estaba de brazos cruzados, sin ideas, sin logros. Esta es la crónica de una muerte anunciada. 

Que la reactivación económica estaba en el cáñamo y nada, que está en la reforma fiscal y tampoco…

Hace tan solo tres meses, el 8 de mayo del 2020, Casa Presidencial anunció una serie de medidas para “la recuperación del país”, dijeron que iban a inyectar ¢900 mil millones en créditos para nuevos emprendimientos, anunciaron una inversión en obra pública por ¢3,1 billones para 2020-2021, la generación de 109.000 empleos directos y todo eso sigue siendo letra muerta. 

Ofrecieron agilizar 104 trámites, mejorar la productividad en mipymes, agricultura y turismo, la atracción de nuevas inversiones y se firmó un decreto que declara de interés público la actividad empresarial de la industria médica y de bienestar.

A la fecha nada de eso es realidad, bien se dice que el papel aguanta lo que le pongan y en eso son expertos el presidente y sus subalternos. 

Ya basta de tanta burla, de una inoperancia incalificable que nos somete a la ruina perpetrada por el poder de turno. 

Pero más golpea el silencio y la falta de cuentas claras. Encuevarse en momentos que la sociedad quiere respuestas de las actuaciones de muchos funcionarios públicos solo desata la ira y deja lugar a las dudas.

Hay silencios innecesarios e injustificables y esos son los que practica el presidente con alevosía, premeditación y ventaja contra el pueblo atropellando todo mandato constitucional.

Rinda cuentas por tanto estatismo, señor Alvarado.