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Dos hombres fueron ejecutados por otros dos que viajaban en una motocicleta frente a la Escuela de la Policía de Tránsito, ubicada en San Rafael Arriba, Desamparados.
Una mujer fue testigo presencial de los hechos, pues viajaba con su familia hacia su casa cuando observó el vehículo blanco en que viajaban las víctimas, que se desplazaban en sentido Aserrí-Desamparados.
Los tres ocupantes del carro, incluidos los ahora occisos, se detuvieron para hacer un alto, ya que el semáforo frente a ese centro de formación policial estaba en rojo.
En ese instante se les acercó una motocicleta, el sujeto que viajaba de acompañante sacó un arma y comenzó a dispararles a los hombres que iban en el asiento de atrás y al parecer son las víctimas mortales.
“Escuché al menos seis disparos, no sé. También hacía el alto porque el semáforo estaba en rojo cuando vi a los motociclistas, el de atrás sacó el arma y les disparó a los que iban sentados atrás en el carro”, relató.
De inmediato vio cómo los gatilleros dieron vuelta para emprender la huida, sin embargo no se habían largado y los heridos mortales se bajaron del carro para defenderse del ataque.
En ese momento que el gatillero los vio, regresó donde estaban, se bajó de la moto y los remató con otra serie de disparos, dejándolos sin vida en el lugar y huyendo después hacia San Rafael Abajo en la moto, que al parecer es una panadera.
En ese instante la confusión era mayor porque una señora gritaba desesperada, la gente no sabía qué hacer, muchos curiosos llegaron a ver si las víctimas estaban con vida.
“Lo que hice fue irme hacia donde estaban los dos heridos. Uno ya no respiraba, el otro quedó con minutos de sobrevida y me acerqué para decirle: ‘Muchacho si tiene algo de qué arrepentirse hágalo ya, este es el momento’ y exhaló el último suspiro”, declaró la señora, quien no quiso identificarse y se fue del lugar.
Mientras los gatilleros huían, unidades de la Cruz Roja fueron despachadas para atender el incidente y según el socorrista Luis Cascante, a su llegada ya no había nada que hacer por ambos.
“Se trata de dos pacientes heridos por arma de fuego, los abordamos en la escena con múltiples impactos de bala en tórax, abdomen, espalda, brazos y cuando llegan las unidades de soporte de vida avanzado se declaran sin signos vitales”, comentó.
OTRO LLEGA ENSANGRENTADO
Cuando los dos sujetos yacían inertes, minutos después de la balacera, llegó un hombre con la parte posterior de su camisa gris ensangrentada y gritando: “Mi hermanito, mi hermanito. Huevos, no puede ser”, como si conociera a uno de los occisos.
No obstante, en el lugar había tráficos que salieron de la Escuela de la Policía de Tránsito al escuchar las detonaciones para custodiar la escena, de inmediato le pusieron lo esposaron y se lo llevaron aprehendido.
GATILLERO ERA LA VÍCTIMA
Al parecer el doble homicidio obedece a una bronca vieja porque en el lugar de los hechos transcendió que los difuntos no eran las víctimas, sino el que les quitó la vida.
Entre las versiones que se escucharon de gente que no quiso identificarse está que los occisos al parecer iban a ejecutar a un sujeto que en apariencia sería quien los aniquiló, lo que pasó fue que se despabiló y les robó la vuelta acabando primero el diferendo, que no se descarta se deba a un problema de drogas.
No obstante, esta versión apenas comienza a ser analizada por los agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que llegaron al lugar a recolectar indicios, entre ellos la prueba balística, que quedó por todo el lugar.
QUIÉNES ERAN
Las autoridades lograron identificar preliminarmente a los occisos como Víctor Daniel Meneses Díaz, de 19 años, de nacionalidad costarricense y vecino del barrio Los Olivos, en San Miguel de Desamparados.
No se le conocía oficio o si se desempeñaba en alguna actividad, tampoco se sabe si tenía familia.
Mientras que el otro fallecido fue identificado como William Osmar Duarte García, de 20 años y nacionalidad nicaragüense, pero con cédula de residencia costarricense.
Tampoco se le conocía actividad laboral o lugar de residencia en el país.
El caso quedó en manos del OIJ, que se encargó de levantar los cadáveres.