
Lo que ocurrió esta semana no es poca cosa. Por primera vez en la historia, la Corte Plena solicitó al Congreso que valore levantar la inmunidad de un presidente en ejercicio.
Un grupo de 15 magistrados tomaron la decisión de enviar a la Asamblea Legislativa la resolución para que los diputados analicen si Rodrigo Chaves debe perder su fuero y, por ende, enfrentarse ante la justicia como cualquier ciudadano.
La causa es seria: el expediente 25-000019-0033-PE documentó una supuesta contratación hecha a la medida para beneficiar a una empresa vinculada a un asesor íntimo del mandatario.
Según la Fiscalía, se indujo al empresario Christian Bulgarelli a entregar un beneficio patrimonial indebido mediante un contrato con el BCIE.
Todo esto, supuestamente, con reuniones previas en Casa Presidencial.
También estaría implicado el ministro de Cultura, Jorge Rodríguez Vives, quien igualmente espera si los diputados le mantienen o no la inmunidad.
Pero esto va más allá de nombres y apellidos. Aquí no se trata de si usted cree o no en el Presidente, si simpatiza con un partido o con otro. El fondo de este momento histórico es más profundo: si la justicia debe aplicar igual para todos, entonces no puede haber fueros de conveniencia.
Si los diputados se enfrentan al reto de levantarle la inmunidad a un Presidente, entonces también deben estar dispuestos a levantarla cuando se trate de uno de los suyos. Que ningún congresista acusado de delitos se esconda tras la curul. Que ningún magistrado investigado tenga coronita. Que ningún alto jerarca en funciones se ampare en el cargo para evadir la justicia. La inmunidad debe proteger la función pública, no convertirse en escudo del privilegio.
Si de verdad aspiramos a una democracia madura, entonces el fuero no puede ser selectivo. O se aplica para todos, o no se aplica para nadie.
Costa Rica no puede seguir con una justicia de doble vía, donde algunos caminan sobre alfombra roja y otros se hunden en el fango judicial.
Si el país se jacta de ser serio, que lo demuestre. Que no se incline la balanza. Que, si hay cuentas por rendir, todos pasen por la caja.
Porque lo contrario sería vergonzoso. Y este país ya no aguanta más impunidad disfrazada de inmunidad.
“Si de verdad aspiramos a una democracia madura, entonces la inmunidad no puede ser selectiva”.