Si queremos seguridad, hay que cooperar

Costa Rica superó las alarmantes estadísticas de criminalidad, una muy mala señal para el país, así como una llamada de atención para cada uno de los ciudadanos. Pero, ¿cuántas personas realmente están preocupadas por esta epidemia que sufrimos actualmente? Y es que si queremos seguridad, una realista, hay que cooperar y dejar de estar poniéndose del lado de la delincuencia, dando el mal ejemplo, justificando a los criminales o apedreando policías cuando realizan una intervención. El crimen no paga y los criminales posiblemente el día de mañana no van a dudar en hacerle daño a usted que ahora los defiende.

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Costa Rica superó las alarmantes estadísticas de criminalidad, una muy mala señal para el país, así como una llamada de atención para cada uno de los ciudadanos. Pero, ¿cuántas personas realmente están preocupadas por esta epidemia que sufrimos actualmente?

Y es que si queremos seguridad, una realista, hay que cooperar y dejar de estar poniéndose del lado de la delincuencia, dando el mal ejemplo, justificando a los criminales o apedreando policías cuando realizan una intervención. El crimen no paga y los criminales posiblemente el día de mañana no van a dudar en hacerle daño a usted que ahora los defiende. 

El 6 de enero anterior, minutos antes de las 7 p.m., en Barranca, Puntarenas, dos menores de 15 y 13 años entraron a un supermercado que pertenecía a un extranjero de origen chino, un trabajador honrado como cualquier costarricense. 

Ambos jóvenes portaban armas de fuego y durante su violento ingreso, sin importar que hubiese personas inocentes, amenazaron con matar a quien se les pusiera en frente con tal de llevarse algún dinero. 

Ahora bien, los padres de estos muchachos permitieron que anduvieran cometiendo asaltos, malos actos y delinquiendo, justificados por pertenecer a una clase social denominada como baja, lo cual no es un argumento válido.

Más grave aún es que uno de los menores, el de 15 años, murió luego de recibir dos disparos por parte del comerciante oriental. El trabajador actuó en legítima defensa, según el Organismo de Investigación Judicial. En cuanto al otro asaltante, fue hospitalizado con un tiro en uno de sus brazos y posteriormente acabó en manos de las autoridades para el procedimiento respectivo.

Esta es una noticia que no termina de generar repercusiones, pues algunos vecinos de Barranca arremetieron cobardemente en los últimos días contra el pulpero hasta lograr, mediante amenazas hasta de muerte, que tuviese que marcharse de la zona por el riesgo que él y su familia corrían.

No es posible que en un país en el que año tras año aumenta la cifra de homicidios ocurran estos actos de odio hacia una persona que se defendió legítimamente, y menos aún, que tales actos reciban el respaldo de las comunidades.

No puede olvidarse que hay cientos de niños observando estos ejemplos y ellos crecerán creyéndose secundados por adultos negligentes que no enseñan a transitar por un buen camino ni a asumir las responsabilidades por los errores, descuidos e irresponsabilidades que como seres humanos cometemos.

Es incomprensible que nuestra policía, esa que vela por la seguridad de cada uno, tenga que estarse enfrentando a grupos de personas molestas, quienes les lanzan piedras, palos y hasta disparos, pues como funcionarios públicos intentan hacer cumplir la ley. 

Muchas personas irrespetuosas se molestan porque los uniformados de la Fuerza Pública o del OIJ detienen a un delincuente que es su vecino. Pero, cuando necesiten de esa policía porque fueron víctimas de un delito, ¿estarían de acuerdo en que les respondan con un rotundo rechazo?

¿Queremos seguridad? Pero, ¿quiénes la merecen? Las redes sociales se vuelven un circo cada vez que algún inescrupuloso usa su teléfono celular para grabar a un oficial o agente cumpliendo con su trabajo, el de mantenerlo seguro y a salvo precisamente a él, ese que expone al policía públicamente. 

La seguridad nacional empieza en cada casa, bajo el respeto que usted como integrante de una familia quiera demostrar hacia usted mismo, así como para los agentes del orden público, vecinos, maestros y familiares. 

Pero no podemos continuar con esta hipocresía que llegará a hacer sucumbir a nuestra sociedad. 

Hl. Mencken, periodista, escritor y crítico social de Estados Unidos del siglo pasado, dijo que “las personas quieren seguridad, pero no la libertad”. Sin embargo, usted, costarricense, pareciera anteponer la libertad de los delincuentes a su propia seguridad, no obstante como vemos, ambas van camino a un abismo.